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December 13

When God Is All You Have

From Desperate Surrender to Daily Dependence

Sometimes we do not recognize how deeply we need God until everything we counted on can no longer carry us. Alcohol and drugs have exhausted our promises. Step One brings us face to face with the truth: we cannot manage our addiction through determination alone. This is a painful place, but it can become a precious beginning. We can stop defending the life that is falling apart and become willing to receive help.

“The LORD is near to the brokenhearted and saves those who are crushed in spirit” (Psalm 34:18). The beauty of brokenness is not the damage, but God’s nearness within it. We do not have to lose everything before turning to Him. Yet when our defenses collapse, we may finally pray without pretending. Just honesty: Lord, I need You. In your journal, name what you once expected to hold your life together. What has its failure revealed about where you placed your trust?


Desperation can bring us to God, but surrender involves more than asking Him to end the emergency. We may want the consequences removed while keeping authority over the decisions that produced them. Paul described learning “that we would not trust in ourselves, but in God who raises the dead” (2 Corinthians 1:9). That is a deeper turning. We are not simply asking God to repair our plans. We are becoming willing to receive His direction, accept correction, and take the next step with His help.


Christian recovery cannot reduce Jesus to fire insurance against judgment while leaving everyday life under our control. Eternal life is a relationship with God through Christ, not merely relief about what happens after death. Jesus says, “If anyone wishes to come after Me, he must deny himself, and take up his cross daily and follow Me” (Luke 9:23). His invitation reaches our money, relationships, habits, and motives. During quiet time, ask: Am I seeking only what God can remove, or am I willing to receive the life He wants to form?


Dependence can feel uncomfortable because it interrupts our demand for immediate relief. We may reach for romance, money, achievement, or constant activity to feel secure again. Use your DMI, your Daily Moral Inventory, to notice where you turn when fear rises. What did I expect to rescue me today? What did I refuse to entrust to God? Receiving help from a sponsor, church community, or treatment is not a failure of faith. God can provide care through people and practical resources.


The test often changes when life improves. A paycheck arrives, trust begins returning, and the pressure eases. Now we are tempted to neglect the very practices that helped us become honest and available to God. Scripture warns, “Beware that you do not forget the LORD your God by not keeping His commandments” (Deuteronomy 8:11). It means continuing to pray, listen, and obey when we have options again. Stability is a gift to steward, not proof that we have outgrown dependence.


Memorize these words of Jesus: “Apart from Me you can do nothing” (John 15:5). They call us to fruitful dependence, not helpless inactivity. We still keep appointments, tell the truth, work daily, and maintain boundaries around alcohol and drugs. As discipleship uncovers pride, resentment, or controlling patterns, we return to surrender. Read Scripture to discover what faithfulness looks like in those places. Needing God in another area is not evidence that recovery has failed. It is an invitation to let His transforming work reach deeper.


Brokenness does not make us better than others, and desperation alone is not maturity. Growth appears as dependence becomes daily faithfulness. Tonight, journal this question: What did I surrender when I was desperate that I am now trying to take back? Bring that answer to God and a trusted support person. We may first recognize our need when everything falls away. We learn to walk with Jesus by remaining dependent when life comes back together.


By His Grace to His servant Scott

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Dec 13

When God Is All You Have

From Desperate Surrender to Daily Dependence

Cuando Dios es todo lo que tienes

De la rendición desesperada a la dependencia diaria

A veces no reconocemos cuánto necesitamos a Dios hasta que todo aquello en lo que confiábamos ya no puede sostenernos. El alcohol y las drogas han agotado nuestras promesas. El Primer Paso nos pone frente a la verdad: no podemos controlar nuestra adicción solamente con determinación. Este es un lugar doloroso, pero puede convertirse en un comienzo precioso. Podemos dejar de defender la vida que se está desmoronando y disponernos a recibir ayuda.


“Cercano está el SEÑOR a los quebrantados de corazón, y salva a los abatidos de espíritu” (Salmo 34:18). La belleza del quebrantamiento no está en el daño, sino en la cercanía de Dios en medio de él. No tenemos que perderlo todo antes de acudir a Él. Sin embargo, cuando nuestras defensas se derrumban, quizá finalmente oremos sin fingir. Simplemente con honestidad: Señor, te necesito. En tu diario, escribe qué esperabas que mantuviera tu vida en pie. ¿Qué ha revelado su fracaso acerca de dónde habías depositado tu confianza?


La desesperación puede acercarnos a Dios, pero rendirnos implica más que pedirle que termine la emergencia. Podemos querer que desaparezcan las consecuencias mientras seguimos conservando el control sobre las decisiones que las produjeron. Pablo describió lo que había aprendido: “A fin de que no confiáramos en nosotros mismos, sino en Dios que resucita a los muertos” (2 Corintios 1:9). Ese es un cambio más profundo. No estamos simplemente pidiéndole a Dios que repare nuestros planes. Estamos disponiéndonos a recibir Su dirección, aceptar la corrección y dar el siguiente paso con Su ayuda.


La recuperación cristiana no puede reducir a Jesús a un seguro contra el juicio mientras mantenemos nuestra vida diaria bajo nuestro propio control. La vida eterna es una relación con Dios por medio de Cristo, no solamente tranquilidad acerca de lo que sucede después de la muerte. Jesús dice: “Si alguien quiere venir en pos de Mí, niéguese a sí mismo, tome su cruz cada día y sígame” (Lucas 9:23). Su invitación alcanza nuestro dinero, nuestras relaciones, nuestros hábitos y nuestras motivaciones. Durante tu tiempo a solas con Dios, pregunta: ¿Busco solamente lo que Dios puede quitar, o estoy dispuesto a recibir la vida que Él quiere formar?


Depender de Dios puede incomodarnos porque interrumpe nuestra exigencia de alivio inmediato. Podemos buscar seguridad en una relación romántica, el dinero, los logros o la actividad constante. Utiliza tu DMI, tu Inventario Moral Diario, para reconocer hacia dónde te vuelves cuando aparece el temor. ¿Qué esperaba que me rescatara hoy? ¿Qué me negué a confiarle a Dios? Recibir ayuda de un padrino, de la comunidad de la iglesia o de un tratamiento no representa una falta de fe. Dios puede brindarnos cuidado mediante personas y recursos prácticos.


La prueba suele cambiar cuando la vida mejora. Llega un sueldo, la confianza comienza a recuperarse y la presión disminuye. Entonces sentimos la tentación de descuidar las mismas prácticas que nos ayudaron a volvernos honestos y dispuestos a escuchar a Dios. La Escritura advierte: “Cuídate de no olvidar al SEÑOR tu Dios dejando de guardar Sus mandamientos” (Deuteronomio 8:11). Esto significa seguir orando, escuchando y obedeciendo cuando nuevamente tenemos opciones. La estabilidad es un regalo que debemos administrar, no una prueba de que ya no necesitamos depender de Él.


Memoriza estas palabras de Jesús: “Separados de Mí nada pueden hacer” (Juan 15:5). Nos llaman a una dependencia que produce fruto, no a una inactividad impotente. Seguimos cumpliendo nuestras citas, diciendo la verdad, trabajando cada día y manteniendo límites frente al alcohol y las drogas. Cuando el discipulado deja al descubierto orgullo, resentimiento o patrones de control, volvemos a rendirnos. Lee la Escritura para descubrir cómo se vive la fidelidad en esas áreas. Necesitar a Dios en otro aspecto no demuestra que la recuperación haya fracasado. Es una invitación a permitir que Su obra transformadora llegue más profundamente.


El quebrantamiento no nos hace mejores que los demás, y la desesperación por sí sola no es madurez. El crecimiento se manifiesta cuando la dependencia se convierte en fidelidad diaria. Esta noche, escribe en tu diario: ¿Qué le entregué a Dios cuando estaba desesperado que ahora estoy intentando recuperar para controlarlo otra vez? Lleva esa respuesta a Dios y a una persona de confianza que apoye tu recuperación. Quizá reconozcamos por primera vez nuestra necesidad cuando todo se derrumba. Aprendemos a caminar con Jesús al seguir dependiendo de Él cuando la vida comienza a reconstruirse.


Por Su gracia a Su siervo Scott

当你所拥有的只剩下神

从绝境中的降服,到每天的依靠

有时候,直到我们一直倚靠的一切再也无法支撑自己,我们才看清自己多么需要神。酒精和毒品使我们一次次的承诺落空。第一步让我们直面真相:单靠决心,我们无法控制自己的成瘾。这是一个痛苦的处境,却也可能成为宝贵的起点。我们可以停止为正在崩塌的生活辩护,开始愿意接受帮助。


“耶和华靠近伤心的人,拯救心灵痛悔的人”(诗篇34:18)。破碎中的美好,不在于伤害本身,而在于神在其中亲近我们。我们不必失去一切之后,才转向祂。然而,当自我防卫崩溃时,我们也许终于愿意不再伪装,真实地祷告。只是诚实地说:主啊,我需要你。在日记中,写下你曾经指望什么来支撑自己的生活。当这些倚靠失效时,它们揭示了你把信任放在哪里?


绝望可以促使我们来到神面前,但降服不只是求祂结束眼前的危机。我们可能希望后果消失,却仍想掌控那些造成后果的决定。保罗这样描述自己所学到的功课:“使我们不倚靠自己,只倚靠那使死人复活的神”(哥林多后书1:9)。这是更深的转向。我们不再只是求神修补自己的计划,而是开始愿意接受祂的引导、领受纠正,并靠着祂的帮助迈出下一步。


基督徒的康复,不能把耶稣缩减成一份逃避审判的保险,却继续把日常生活掌握在自己手里。永生是借着基督与神建立关系,不只是对死后去向感到安心。耶稣说:“若有人愿意跟从我,就当舍己,天天背起他的十字架来跟从我”(路加福音9:23)。祂的邀请涉及我们的金钱、人际关系、习惯和动机。在安静亲近神的时候,问自己:我寻求的,只是神能够替我除去什么,还是我也愿意接受祂要在我里面塑造的生命?


依靠神可能让我们不舒服,因为它打断了我们要求立刻得到缓解的心态。我们可能转向恋爱、金钱、成就,或不停忙碌,好让自己重新感到安全。运用你的DMI,也就是每日道德省察,留意恐惧出现时,你会转向哪里。今天,我期待什么来拯救自己?我拒绝把什么交托给神?接受康复伙伴、教会群体或治疗的帮助,并不代表缺乏信心。神可以借着人和实际的资源照顾我们。


当生活改善时,考验往往也会改变。工资到账了,信任开始恢复,压力逐渐减轻。这时,我们可能受到诱惑,忽略那些曾帮助我们变得诚实、愿意回应神的日常操练。圣经提醒:“你要谨慎,免得忘记耶和华你的神,不遵守祂的诫命”(申命记8:11)。这意味着,当我们重新有了选择时,仍然继续祷告、聆听和顺服。稳定的生活是需要忠心管理的礼物,而不是我们已经不再需要依靠祂的证明。


请背诵耶稣的这句话:“离了我,你们就不能做什么”(约翰福音15:5)。这句话呼召我们活出能够结果子的依靠,而不是无所作为。我们仍然履行约定、说诚实话、做好每天的工作,并在酒精和毒品面前守住界限。当门徒训练显明我们的骄傲、怨恨或控制模式时,我们就再次降服。阅读圣经,学习在这些领域中怎样活出忠心。在另一个方面需要神,并不证明康复失败了,而是邀请祂的更新工作进入更深之处。


破碎并不会使我们比别人更好,绝望本身也不等于成熟。当依靠成为每天的忠心时,成长就显明出来。今晚,在日记中写下这个问题:我在绝境中曾经交托给神的什么事,现在又想拿回来自己掌控?把这个答案带到神面前,也与一位值得信任、支持你康复的人分享。我们也许是在一切崩塌时,才第一次看清自己对神的需要。当生活开始重建时,仍然继续依靠祂,我们就在学习与耶稣同行。


因祂的恩典,赐予祂的仆人 Scott

Abstract Background

"For I know the plans I have for you," declares The Lord, "plans to prosper you and not to harm you, plans to give you a hope and a future."

(Jeremiah 29:11)

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