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April 16

Trusting God With Outcomes

Learning to Obey Without Controlling How Others Respond

One of the hardest lessons in recovery from alcohol and drug addiction is learning that we can do the right thing and still not receive the response we hoped for. We may finally become willing to admit our lies, repay what we stole, acknowledge broken promises, and face those we hurt. Yet somewhere inside, we still want guarantees. We want forgiveness, restored relationships, and reassurance that everything will be okay. But Step Eight teaches us to prepare our hearts for making amends without demanding results. Scripture says, “Commit your works to the LORD, And your plans will be established” (Proverbs 16:3). Our responsibility is obedience. The outcome is not ours to control.

For years, addiction taught us to manipulate circumstances to get what we wanted. We lied to avoid consequences, made promises to escape confrontation, and used guilt to influence those who loved us. Sometimes we apologized only because we wanted another chance, more money, or permission to continue destructive behavior. Now, even in recovery, those same controlling habits can hide behind sincere intentions. We may approach someone hoping our apology will produce immediate forgiveness. But genuine repentance does not demand a reward. It accepts responsibility because telling the truth and doing what is right honor God.


Proverbs 29:25 warns, “The fear of man brings a snare, But one who trusts in the LORD will be protected.” Fear of rejection can become another prison. We imagine the conversation before it happens. What if my wife refuses to forgive me? What if my children never trust me again? What if the person I stole from tells everyone what I did? These possibilities can keep us awake at night. Yet faith does not require knowing how people will respond. It requires trusting God enough to remain honest, humble, and willing even when the future is uncertain.


Consider a mother who lost her family’s trust through years of drug addiction. She has begun rebuilding her life and desperately wants her children to believe she has changed. But they remember missed school events, broken promises, and nights when they wondered whether she would come home. She cannot demand that six months of sobriety erase years of fear. She can listen, accept their boundaries, remain consistent, and allow trust to grow at its own pace. The greatest evidence of change is not convincing people we are different. It is faithfully living differently.


Paul wrote, “In this case, moreover, it is required of stewards that one be found trustworthy” (1 Corinthians 4:2). God measures faithfulness differently from the world. We may make an honest effort to repair damage and still experience rejection. Someone may accept repayment but refuse a relationship. Another may forgive us but need distance. Their response does not erase the value of doing what is right. We are responsible for our actions, not for controlling another person’s healing.


This does not mean rushing into amends without wisdom. Step Eight develops willingness; Step Nine addresses direct amends wherever possible, except when doing so would injure others. We should seek godly counsel, respect boundaries, and consider whether contact could cause additional harm. Trusting God never gives us permission to pressure someone into listening, forgiving, or reconciling. Love respects the freedom of others, even when their decisions disappoint us.


Tonight, perhaps you are rehearsing conversations that have not happened. You imagine anger, silence, rejection, or accusations. Your mind searches for the perfect words that might guarantee acceptance. But Isaiah 26:3 says, “The steadfast of mind You will keep in perfect peace, Because he trusts in You.” Peace does not come from predicting tomorrow. It comes from trusting the One who already knows tomorrow. We can prepare wisely without surrendering our peace to imagined outcomes.


Jesus Himself demonstrated this surrender. When He suffered unjustly, He continued “entrusting Himself to Him who judges righteously” (1 Peter 2:23). He did not allow rejection to determine His obedience. We too must learn to release what belongs to God while remaining faithful in what belongs to us.


Step Eight is preparing us to make things right without trying to make people respond the way we want. We cannot rewrite the past, force forgiveness, or guarantee reconciliation. But through Christ, we can tell the truth, accept consequences, demonstrate lasting change, and trust God with what follows. Our obedience must never depend upon someone else’s response.


By His Grace to His servant Scott

Recent Devotionals

Apr 16

Trusting God With Outcomes

Learning to Obey Without Controlling How Others Respond

Confiando en Dios con los Resultados

Aprendiendo a Obedecer Sin Controlar Cómo Responden los Demás

Una de las lecciones más difíciles en la recuperación de la adicción al alcohol y las drogas es aprender que podemos hacer lo correcto y aun así no recibir la respuesta que esperábamos. Puede que finalmente estemos dispuestos a reconocer nuestras mentiras, devolver lo que robamos, admitir las promesas que rompimos y enfrentar a quienes lastimamos. Sin embargo, en algún lugar de nuestro interior, todavía queremos garantías. Queremos perdón, relaciones restauradas y la seguridad de que todo estará bien. Pero el Octavo Paso nos enseña a preparar nuestros corazones para reparar el daño sin exigir resultados. La Escritura dice: “Encomienda tus obras al SEÑOR, y tus propósitos se afianzarán” (Proverbios 16:3). Nuestra responsabilidad es obedecer. Los resultados no están bajo nuestro control.


Durante años, la adicción nos enseñó a manipular las circunstancias para conseguir lo que queríamos. Mentíamos para evitar las consecuencias, hacíamos promesas para escapar de las confrontaciones y utilizábamos la culpa para influir en quienes nos amaban. Algunas veces pedíamos perdón solamente porque queríamos otra oportunidad, más dinero o permiso para continuar con nuestro comportamiento destructivo. Ahora, incluso durante la recuperación, esos mismos hábitos de control pueden esconderse detrás de intenciones sinceras. Podemos acercarnos a alguien esperando que nuestra disculpa produzca un perdón inmediato. Pero el arrepentimiento genuino no exige una recompensa. Acepta la responsabilidad porque decir la verdad y hacer lo correcto honra a Dios.


Proverbios 29:25 advierte: “El temor al hombre es un lazo, pero el que confía en el SEÑOR estará seguro”. El temor al rechazo puede convertirse en otra prisión. Imaginamos la conversación antes de que suceda. ¿Qué pasa si mi esposa se niega a perdonarme? ¿Y si mis hijos nunca vuelven a confiar en mí? ¿Y si la persona a quien robé les cuenta a todos lo que hice? Estas posibilidades pueden mantenernos despiertos durante la noche. Sin embargo, la fe no requiere saber cómo responderán las personas. Requiere confiar lo suficiente en Dios para permanecer honestos, humildes y dispuestos, incluso cuando el futuro es incierto.


Piensa en una madre que perdió la confianza de su familia debido a años de adicción a las drogas. Ha comenzado a reconstruir su vida y desea desesperadamente que sus hijos crean que ha cambiado. Pero ellos recuerdan los eventos escolares a los que ella no asistió, las promesas incumplidas y las noches en que se preguntaban si regresaría a casa. Ella no puede exigir que seis meses de sobriedad borren años de temor. Puede escuchar, aceptar los límites de sus hijos, mantenerse constante y permitir que la confianza crezca a su propio ritmo. La mayor evidencia de cambio no consiste en convencer a las personas de que somos diferentes. Consiste en vivir fielmente de una manera diferente.


Pablo escribió: “Ahora bien, además se requiere de los administradores que cada uno sea hallado fiel” (1 Corintios 4:2). Dios mide la fidelidad de una manera diferente a la del mundo. Podemos hacer un esfuerzo honesto para reparar el daño y aun así experimentar rechazo. Alguien puede aceptar que le devolvamos lo que le debemos, pero negarse a restablecer una relación. Otra persona puede perdonarnos, pero necesitar distancia. Su respuesta no elimina el valor de hacer lo correcto. Somos responsables de nuestras acciones, no de controlar el proceso de sanidad de otra persona.


Esto no significa que debamos apresurarnos a reparar el daño sin sabiduría. El Octavo Paso desarrolla nuestra disposición; el Noveno Paso aborda la reparación directa del daño siempre que sea posible, excepto cuando hacerlo pudiera perjudicar a otras personas. Debemos buscar consejo piadoso, respetar los límites y considerar si el contacto podría causar daño adicional. Confiar en Dios nunca nos da permiso para presionar a alguien a escucharnos, perdonarnos o reconciliarse con nosotros. El amor respeta la libertad de los demás, incluso cuando sus decisiones nos decepcionan.


Esta noche, quizás estés ensayando conversaciones que todavía no han ocurrido. Imaginas enojo, silencio, rechazo o acusaciones. Tu mente busca las palabras perfectas que puedan garantizar la aceptación. Pero Isaías 26:3 dice: “Al de firme propósito guardarás en perfecta paz, porque en ti confía”. La paz no viene de poder predecir el mañana. Viene de confiar en Aquel que ya conoce el mañana. Podemos prepararnos con sabiduría sin entregar nuestra paz a resultados imaginarios.


Jesús mismo demostró esta entrega. Cuando sufrió injustamente, continuó “encomendándose a Aquel que juzga justamente” (1 Pedro 2:23). No permitió que el rechazo determinara Su obediencia. Nosotros también debemos aprender a entregar lo que le pertenece a Dios mientras permanecemos fieles en aquello que nos corresponde.


El Octavo Paso nos está preparando para hacer las cosas bien sin intentar obligar a las personas a responder como nosotros queremos. No podemos reescribir el pasado, forzar el perdón ni garantizar la reconciliación. Pero por medio de Cristo podemos decir la verdad, aceptar las consecuencias, demostrar un cambio duradero y confiar en Dios con lo que venga después. Nuestra obediencia nunca debe depender de la respuesta de otra persona.


Por Su Gracia, a Su siervo Scott.

将结果交托给神

学习顺服神,而不试图控制别人的回应

在戒除酒精和毒品成瘾的康复过程中,最困难的功课之一,就是学习接受这样一个事实:即使我们做了正确的事情,也不一定会得到自己所期待的回应。我们可能终于愿意承认曾经说过的谎言,归还偷走的东西,承认违背的承诺,并面对那些被我们伤害的人。然而,在内心深处,我们仍然希望得到某种保证。我们渴望被原谅,渴望破裂的关系得到修复,也渴望有人向我们保证一切都会好起来。但是,第八步教导我们预备自己的心,愿意弥补过错,却不要求事情必须按照自己的期待发展。圣经说:“你所做的,要交托耶和华,你所谋的,就必成立。”(箴言 16:3)我们的责任是顺服神,而不是控制最终的结果。


多年以来,成瘾教会我们操纵环境,以得到自己想要的东西。我们撒谎来逃避后果,许下承诺来躲避质问,也利用别人的内疚感来影响那些爱我们的人。有时候,我们道歉只是为了再得到一次机会、更多的钱,或者让别人允许我们继续那些具有破坏性的行为。如今,即使进入康复阶段,这些控制别人的旧习惯仍然可能隐藏在看似真诚的动机背后。我们可能接近某个人,期待自己的道歉能够立刻换来原谅。但是,真正的悔改不会要求得到回报。真正的悔改愿意承担责任,因为说真话、做正确的事,本身就是在荣耀神。


箴言 29:25 警告我们:“惧怕人的,陷入网罗;惟有倚靠耶和华的,必得安稳。”害怕被拒绝,也可能成为另一座监狱。我们在谈话还没有发生之前,就已经在脑海中反复想象各种情景。如果妻子拒绝原谅我怎么办?如果孩子永远不再信任我怎么办?如果那个被我偷过东西的人把我的所作所为告诉所有人怎么办?这些可能性会使我们夜不能寐。然而,信心并不要求我们事先知道别人会如何回应。信心要求我们充分信靠神,使自己即使面对未知的未来,仍然愿意保持诚实、谦卑,并甘心做正确的事情。


想想一位母亲,因为多年吸毒而失去了家人的信任。如今,她已经开始重建生活,并且迫切希望孩子相信她真的改变了。但是,孩子仍然记得她缺席的学校活动、没有兑现的承诺,以及那些不知道母亲是否会回家的夜晚。她不能要求孩子因为自己戒毒六个月,就忘记过去多年生活在恐惧中的经历。她可以认真倾听,接受孩子设立的界限,持续保持稳定可靠的行为,并允许信任按照孩子自己的节奏慢慢恢复。真正能够证明我们改变的,不是说服别人相信我们已经不同,而是持续用不同的生活方式证明我们的改变。


保罗写道:“所求于管家的,是要他有忠心。”(哥林多前书 4:2)神衡量忠心的标准,与世界衡量成功的标准不同。我们可能真诚地努力弥补伤害,却仍然遭到拒绝。有人可能接受我们归还欠款,却不愿意恢复关系。另一个人可能愿意原谅我们,但仍然需要保持距离。他们的回应,并不会抹去我们做正确事情的价值。我们必须为自己的行为负责,却不能控制另一个人内心的医治过程。


这并不意味着我们应该不经过思考,就急着去弥补过错。第八步培养我们愿意弥补过错的心;第九步则是在可能的情况下直接弥补伤害,除非这样做会伤害对方或其他人。我们应该寻求敬虔而有智慧的辅导,尊重别人的界限,并认真考虑主动联系是否可能造成进一步的伤害。信靠神绝不意味着我们有权强迫别人倾听、原谅,或者与我们和好。真正的爱尊重别人的自由,即使他们的决定令我们失望。


今晚,也许你正在脑海中反复排练那些尚未发生的谈话。你想象对方会愤怒、沉默、拒绝,或者指责你。你的思想不断寻找最完美的话语,希望能够保证自己被接纳。但是,以赛亚书 26:3 说:“坚心倚赖你的,你必保守他十分平安,因为他倚靠你。”平安并不是来自能够预测明天会发生什么,而是来自信靠那位早已知道明天的神。我们可以带着智慧做好准备,却不需要让想象中的结果夺走我们的平安。


耶稣亲自为我们树立了这样的榜样。当祂遭受不公正的苦待时,祂仍然“将自己交托那按公义审判人的主”(彼得前书 2:23)。祂没有允许别人的拒绝决定自己是否顺服。我们也必须学习,把属于神掌管的事情交给祂,同时忠心完成属于自己的责任。


第八步正在预备我们做正确的事情,而不是试图迫使别人按照我们的意愿回应。 我们无法重新书写过去,无法强迫别人原谅,也无法保证关系一定能够恢复。但是,借着基督,我们可以诚实面对真相,接受自己行为的后果,以持续的行动证明真正的改变,并把之后发生的一切交托给神。


我们的顺服,绝不能建立在别人如何回应我们的基础之上。


靠着祂的恩典,献给祂的仆人 Scott。

Abstract Background

"For I know the plans I have for you," declares The Lord, "plans to prosper you and not to harm you, plans to give you a hope and a future."

(Jeremiah 29:11)

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