March 21
Saying Yes To Transformation
When Willingness Becomes the Beginning of a New Life

One of the most important decisions we make in recovery is also one of the simplest: saying yes to God. Not yes to another program, another promise, or another attempt to fix ourselves, but yes to allowing God to change what we have been unable to change. Many of us spent years promising to stop drinking or using drugs, only to discover that determination alone could not free us. Even after becoming sober, we continued struggling with dishonesty, resentment, manipulation, pride, selfishness, and control. We wanted a different life, but we were not always willing to become different people.
When God called Isaiah, he responded, “Here am I. Send me!” (Isaiah 6:8). Isaiah did not know every challenge awaiting him. He simply made himself available. That is where Step Six begins. After examining ourselves through our Life Portrait in Step Four and confessing our discoveries in Step Five, we face a new question: Am I entirely ready to let God remove the character defects I have spent years defending?
Saying yes sounds simple until we recognize what surrender may cost. If God removes my dishonesty, I must begin telling the truth even when consequences follow. If He confronts my pride, I must become teachable. If He exposes manipulation, I must stop controlling people to get what I want. If He addresses resentment, I must become willing to forgive. We cannot sincerely say yes to transformation while continually saying no to the changes God reveals.
Paul wrote, “For we walk by faith, not by sight” (2 Corinthians 5:7). Most of us would prefer to see the entire process before agreeing to it. We want guarantees that change will be comfortable, that people will respond favorably, and that old fears will disappear. But faith does not require knowing every outcome. It requires trusting the One who is leading us.
Addiction taught us to trust what was familiar, even when it was destroying us. We knew the routine of using, hiding, lying, blaming, and escaping. Those patterns were miserable, but predictable. Now God calls us into unfamiliar territory where honesty replaces deception, humility replaces pride, and obedience replaces self-will. Joshua 1:9 reminds us, “Be strong and courageous! Do not be terrified nor dismayed, for the LORD your God is with you wherever you go.”
Sometimes we hesitate because we fear failing again. We remember broken promises, repeated relapses, damaged relationships, and all the times we disappointed ourselves and others. We wonder whether saying yes to God will simply become another commitment we cannot keep. But Step Six is not a promise that we will never struggle again. It is a declaration that we are no longer willing to protect what keeps us spiritually sick.
Jesus said, “Apart from Me you can do nothing” (John 15:5). That statement confronts our self-sufficiency. We are responsible for our choices, but we cannot manufacture a transformed heart through willpower alone. God works within us as we cooperate through prayer, daily inventory, confession, wise counsel, and obedience.
Saying yes must become more than words spoken during morning quiet time. It must follow us into the difficult conversations, unexpected disappointments, and moments when old reactions begin rising. When anger appears, we choose humility. When dishonesty offers an escape, we choose truth. When fear urges us to manipulate, we choose trust. Every act of obedience becomes another opportunity to practice the surrender we have already expressed to God.
And when progress seems slow, we must resist discouragement. Galatians 6:9 encourages us, “Let’s not become discouraged in doing good, for in due time we will reap, if we do not become weary.” Transformation is not always dramatic. Sometimes its clearest evidence is that we respond differently today than we would have yesterday.
This morning, ask yourself: What am I still saying no to? What defect has God revealed that I continue defending? Am I willing to obey even when I do not feel ready?
God is not asking us to produce perfection before surrendering. He is asking for an honest, willing heart. We may come trembling, uncertain, and aware of our weakness. But we can still say yes.
Step Six is where recognition becomes willingness. We stop negotiating with the defects that have damaged our lives and invite God to change us from the inside out. We did not enter recovery merely to stop drinking and using drugs. We entered a new life in Christ, where surrender leads to transformation. Our yes does not mean the struggle is over. It means we are finally willing to let God do what we could never accomplish alone.
By His Grace to His servant Scott
Recent Devotionals
Decir Sí A La Transformación
Cuando la disposición se convierte en el comienzo de una nueva vida
Una de las decisiones más importantes que tomamos durante la recuperaci ón es también una de las más sencillas: decirle sí a Dios. No se trata de decir sí a otro programa, otra promesa u otro intento de arreglarnos por nuestras propias fuerzas, sino de permitir que Dios cambie aquello que nosotros no hemos podido cambiar. Muchos pasamos años prometiendo dejar de beber alcohol o consumir drogas, solamente para descubrir que nuestra determinación no podía liberarnos por sí sola. Incluso después de alcanzar la sobriedad, continuamos luchando con la deshonestidad, el resentimiento, la manipulación, el orgullo, el egoísmo y el control. Queríamos una vida diferente, pero no siempre estábamos dispuestos a convertirnos en personas diferentes.
Cuando Dios llamó a Isaías, él respondió: “Aquí estoy, envíame a mí” (Isaías 6:8). Isaías no conocía todos los desafíos que le esperaban. Simplemente se puso a disposición de Dios. Allí es donde comienza el Paso Seis. Después de examinarnos mediante nuestro Retrato de Vida en el Paso Cuatro y confesar nuestros descubrimientos en el Paso Cinco, enfrentamos una nueva pregunta: ¿Estoy completamente dispuesto a permitir que Dios elimine los defectos de carácter que he pasado años defendiendo?
Decir sí parece sencillo hasta que reconocemos lo que puede costarnos la entrega. Si Dios elimina mi deshonestidad, debo comenzar a decir la verdad, incluso cuando tenga que enfrentar las consecuencias. Si confronta mi orgullo, debo aprender a aceptar la enseñanza y la corrección. Si expone mi manipulación, debo dejar de controlar a las personas para conseguir lo que quiero. Si trata con mi resentimiento, debo estar dispuesto a perdonar. No podemos decir sinceramente sí a la transformación mientras continuamente decimos no a los cambios que Dios nos revela.
Pablo escribió: “Porque por fe andamos, no por vista” (2 Corintios 5:7). La mayoría de nosotros preferiríamos conocer todo el proceso antes de aceptarlo. Queremos garantías de que el cambio será cómodo, de que las personas responderán favorablemente y de que nuestros antiguos temores desaparecerán. Pero la fe no requiere conocer todos los resultados. Requiere confiar en Aquel que nos está guiando.
La adicción nos enseñó a confiar en lo familiar, incluso cuando aquello nos estaba destruyendo. Conocíamos la rutina de consumir, escondernos, mentir, culpar a otros y escapar. Esos patrones eran miserables, pero predecibles. Ahora Dios nos llama a un territorio desconocido, donde la honestidad reemplaza el engaño, la humildad reemplaza el orgullo y la obediencia reemplaza nuestra propia voluntad. Josué 1:9 nos recuerda: “¡Sé fuerte y valiente! No temas ni te acobardes, porque el SEÑOR tu Dios estará contigo dondequiera que vayas”.
A veces dudamos porque tenemos miedo de volver a fracasar. Recordamos las promesas incumplidas, las recaídas repetidas, las relaciones dañadas y todas las veces que nos decepcionamos a nosotros mismos y a los demás. Nos preguntamos si decirle sí a Dios se convertirá simplemente en otro compromiso que no podremos cumplir. Pero el Paso Seis no es una promesa de que nunca volveremos a luchar. Es una declaración de que ya no estamos dispuestos a proteger aquello que nos mantiene espiritualmente enfermos.
Jesús dijo: “Separados de Mí nada pueden hacer” (Juan 15:5). Esta declaración confronta nuestra autosuficiencia. Somos responsables de nuestras decisiones, pero no podemos producir un corazón transformado solamente mediante nuestra fuerza de voluntad. Dios obra dentro de nosotros mientras cooperamos mediante la oración, el inventario diario, la confesión, el consejo sabio y la obediencia.
Decir sí debe convertirse en algo más que palabras pronunciadas durante nuestro tiempo de quietud por la mañana. Debe acompañarnos a las conversaciones difíciles, las decepciones inesperadas y los momentos en que comienzan a surgir nuestras antiguas reacciones. Cuando aparece la ira, elegimos la humildad. Cuando la deshonestidad ofrece una salida, elegimos la verdad. Cuando el temor nos impulsa a manipular, elegimos confiar. Cada acto de obediencia se convierte en otra oportunidad para practicar la entrega que ya hemos expresado delante de Dios.
Y cuando el progreso parece lento, debemos resistir el desánimo. Gálatas 6:9 nos anima: “No nos cansemos de hacer el bien, pues a su tiempo, si no nos cansamos, segaremos”. La transformación no siempre es dramática. A veces, su evidencia más clara es que hoy respondemos de una manera diferente a como lo habríamos hecho ayer.
Esta mañana, pregúntate: ¿A qué le sigo diciendo no? ¿Qué defecto me ha revelado Dios que todavía continúo defendiendo? ¿Estoy dispuesto a obedecer incluso cuando no me siento preparado?
Dios no nos está pidiendo que alcancemos la perfección antes de rendirnos a Él. Nos está pidiendo un corazón honesto y dispuesto. Podemos acercarnos temblando, llenos de incertidumbre y conscientes de nuestra debilidad. Pero aun así podemos decir sí.
El Paso Seis es donde el reconocimiento se convierte en disposición. Dejamos de negociar con los defectos que han dañado nuestra vida e invitamos a Dios a cambiarnos desde adentro hacia afuera. No entramos en recuperación simplemente para dejar de beber alcohol y consumir drogas. Entramos en una nueva vida en Cristo, donde la entrega conduce a la transformación. Nuestro sí no significa que la lucha haya terminado. Significa que finalmente estamos dispuestos a permitir que Dios haga aquello que nunca pudimos lograr por nuestras propias fuerzas.
Por Su Gracia a Su siervo Scott
向生命的改变说“愿意”
当愿意降服成为新生命的开始
在康复过程中,我们所作的一个最重要的决定,同时也是最简单的决定之一,就是向神说“愿意”。这不是答应参加另一个康复计划,不是再作一次保证,也不是再次尝试靠自己的力量改变自己,而是愿意让神改变那些我们一直无法改变的地方。我们许多人曾经花了多年时间,不断承诺要停止喝酒或吸毒,最后却发现,单靠决心并不能使我们得到自由。即使已经戒酒戒毒,我们仍然可能继续与不诚实、怨恨、操纵、骄傲、自私和控制欲挣扎。我们想要一个不一样的人生,却不一定愿意让自己成为一个不一样的人。
当神呼召以赛亚时,他回答说:“我在这里,请差遣我!”(以赛亚书 6:8)以赛亚并不知道前面等待他的每一个挑战。他只是愿意把自己交在神手中,供神使用。这正是第六步开始的地方。在第四步中,我们透过“生命画像”深入省察自己;在第五步中,我们把所发现的问题带到神和另一个人面前承认。现在,我们必须面对一个新的问题:我是否已经完全愿意,让神除去那些我多年来一直为之辩护的性格缺陷?
说“愿意”听起来很简单,直到我们真正认识到降服可能需要付出的代价。如果神要除去我的不诚实,我就必须开始说真话,即使因此需要承担后果。如果祂要对付我的骄傲,我就必须成为一个愿意受教、接受纠正的人。如果祂揭露我的操纵行为,我就必须停止控制别人来得到自己想要的东西。如果祂要处理我的怨恨,我就必须愿意饶恕。我们不能一面真诚地向生命改变说“愿意”,一面又不断拒绝神已经向我们显明、需要作出的改变。
保罗写道:“因我们行事为人是凭着信心,不是凭着眼见。”(哥林多后书 5:7)我们大多数人都希望先看清整个改变的过程,然后才愿意接受。我们希望得到保证:改变不会太痛苦,别人会有好的回应,过去的恐惧也会消失。但是,信心并不要求我们预先知道每一个结果,而是要求我们信靠那位正在带领我们的神。
成瘾教会我们依赖熟悉的东西,即使那些东西正在摧毁我们。我们熟悉饮酒、吸毒、隐藏、说谎、责怪别人和逃避现实的生活模式。这些模式虽然痛苦,却是可以预测的。如今,神呼召我们进入一个陌生的新领域,在那里,诚实取代欺骗,谦卑取代骄傲,顺服取代任性而行。约书亚记 1:9 提醒我们:“你当刚强壮胆!不要惧怕,也不要惊惶,因为你无论往哪里去,耶和华你 的神必与你同在。”
有时候,我们犹豫不决,是因为害怕再次失败。我们想起过去没有兑现的承诺、一次又一次的复发、受到伤害的人际关系,以及那些让自己和别人失望的经历。我们担心,向神说“愿意”,会不会只是另一个最终无法兑现的承诺。但是,第六步并不是保证我们以后再也不会挣扎,而是宣告我们不再愿意保护那些使我们属灵生命持续生病的东西。
耶稣说:“因为离了我,你们就不能做什么。”(约翰福音 15:5)这句话直接挑战我们自以为可以依靠自己的心态。我们必须为自己的选择承担责任,但我们无法单靠意志力创造一颗被改变的心。当我们透过祷告、每日自我省察、认罪、寻求明智的劝导和顺服来配合神时,祂就在我们里面动工。
向神说“愿意”,不能只停留在早晨安静灵修时所说的话语中。它必须跟随我们进入困难的谈话、意想不到的失望,以及旧有反应再次涌上心头的时刻。当愤怒出现时,我们选择谦卑;当不诚实似乎能够帮助我们逃避时,我们选择真理;当恐惧催促我们操纵别人时,我们选择信靠。每一次顺服的行动,都是再次实践我们已经向神表达的降服。
当进步看起来缓慢时,我们也必须抵挡灰心。加拉太书 6:9 鼓励我们:“我们行善,不可丧志;若不灰心,到了时候就要收成。”生命的改变并不总是轰轰烈烈的。有时候,最清楚的证据,就是今天我们面对某件事情时,所作出的回应已经不同于昨天。
今天早晨,请问自己:我仍然在哪些事情上对神说“不愿意”?神已经向我显明了哪一种性格缺陷,而我却仍然在为它辩护?即使我感觉自己还没有准备好,我是否仍然愿意顺服?
神并不是要求我们先达到完美,然后才可以向祂降服。祂所要的是一颗诚实、愿意顺服的心。我们可能带着颤抖、不确定和对自己软弱的清楚认识来到祂面前。但即使如此,我们仍然可以说:“主啊,我愿意。”
第六步是从认识问题进入愿意改变的阶段。我 们停止与那些曾经伤害自己生命的性格缺陷讨价还价,并邀请神从内到外改变我们。我们进入康复,并不只是为了停止喝酒和吸毒。我们是要进入基督所赐的新生命,在那里,降服带来真正的改变。我们向神说“愿意”,并不意味着所有挣扎都已经结束,而是意味着我们终于愿意让神完成那些我们永远无法单靠自己力量完成的工作。
因祂的恩典,赐给祂的仆人 Scott
