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May 22

Practicing God’s Presence

Learning to Walk With Him Beyond Our Morning Quiet Time

For years, addiction taught us to live as though God belonged only in emergencies. We cried out when the alcohol ran out, when the drugs stopped working, when relationships collapsed, or when consequences finally caught up with us. But once the crisis passed, we often returned to living independently. Even in recovery, we can spend time with God in the morning and then go through the rest of the day as though He were no longer involved. Step Eleven invites us into something greater than a morning routine. It teaches us to recognize that the God we meet in prayer is the same God who walks with us into every conversation, responsibility, temptation, and decision. Scripture reminds us, “For in Him we live and move and exist” (Acts 17:28). His presence is not limited to the moments when we remember Him.

Consider a sixty-year-old warehouse supervisor who has been sober for seven years. He begins each morning reading Scripture, praying, and writing in his journal. But once he arrives at work, the pressure takes over. Employees complain, deliveries run late, and frustration begins building. By lunchtime, he has spoken harshly to two people and spent most of the morning irritated. Later, he realizes something important: he had spent time with God before work but had forgotten to walk with Him during work. The problem was not that God had left. It was that he had stopped paying attention.


Paul instructed believers, “Pray without ceasing” (1 Thessalonians 5:17). That does not mean we must spend every waking moment on our knees or speaking words aloud. It means developing a relationship with God that continues throughout the day. A quiet prayer before a difficult conversation, a moment of gratitude while driving, or a request for patience when someone irritates us can become part of our ongoing communion with Him. Prayer is not simply something we finish. It is a relationship we continue.


Our morning quiet time helps establish this awareness. We open the Bible, pray, and then slow down enough to listen. Instead of immediately rushing to the next responsibility, we allow time to consider what the Holy Spirit may be showing us through God’s Word. Our journal helps us capture those lessons. Perhaps a passage reminds us to forgive someone, reveals an attitude we have overlooked, or encourages us to trust God with a situation we cannot control. Writing these things down gives us something to return to when the pressures of the day begin competing for our attention.


David prayed, “You will make known to me the way of life; In Your presence is fullness of joy” (Psalm 16:11). God’s presence does not guarantee that every circumstance will be pleasant. Recovery still includes disappointments, difficult people, financial pressures, and unexpected temptations. But His presence changes how we face those things. We no longer have to react to every emotion as though it were an emergency. We can stop, pray, remember His truth, and choose our response.


This is especially important when old cravings appear. In addiction, we trained ourselves to respond immediately to discomfort. If we felt anxious, angry, lonely, or overwhelmed, we looked for something to change how we felt. Practicing God’s presence teaches us to interrupt that old pattern. Instead of automatically reaching for escape, we can acknowledge what is happening, turn toward God, and contact a trusted person when support is needed. God’s nearness does not replace wise recovery practices; it strengthens our willingness to use them.


Our Daily Moral Inventory (DMI) can help us recognize when we have been living on automatic pilot. During the evening, we look back and ask, “Where did I recognize God’s guidance today? Where did I ignore what I knew was right?” We can write honestly without turning reflection into condemnation. We are learning to become more attentive, not pretending that we will never become distracted.


Scripture memorization also keeps God’s presence in our awareness. A verse remembered during an argument, a stressful meeting, or a lonely evening can redirect our thinking toward Christ. Philippians 4:5 reminds us, “The Lord is near.” Those four words can interrupt the lie that we are facing life alone.


Tonight, remember that God was present through every hour of your day, including the moments when you forgot Him. Tomorrow, begin with prayer and your journal, but do not leave that relationship behind when you close the Bible. Carry it into your work, your conversations, and your decisions. Step Eleven is not simply learning how to spend time with God. It is learning how to live every day with Him. The more we practice recognizing His presence, the more naturally we learn to turn toward Him instead of returning to the things that once controlled us.


By His Grace to His servant Scott

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May 22

Practicing God’s Presence

Learning to Walk With Him Beyond Our Morning Quiet Time

Practicando la Presencia de Dios

Aprendiendo a Caminar con Él Más Allá de Nuestro Tiempo de Quietud por la Mañana

Durante años, la adicción nos enseñó a vivir como si Dios solamente tuviera un lugar en nuestras emergencias. Clamábamos a Él cuando se acababa el alcohol, cuando las drogas dejaban de producir el efecto deseado, cuando nuestras relaciones se derrumbaban o cuando finalmente nos alcanzaban las consecuencias de nuestras decisiones. Pero una vez que pasaba la crisis, muchas veces volvíamos a vivir independientemente de Él. Incluso durante la recuperación, podemos pasar tiempo con Dios por la mañana y después continuar el resto del día como si Él ya no estuviera involucrado en nuestras vidas. El Undécimo Paso nos invita a algo mucho más grande que una rutina matutina. Nos enseña a reconocer que el Dios con quien nos encontramos en oración es el mismo Dios que camina con nosotros en cada conversación, responsabilidad, tentación y decisión. Las Escrituras nos recuerdan: “Porque en Él vivimos, nos movemos y existimos” (Hechos 17:28). Su presencia no está limitada a los momentos en que nos acordamos de Él.


Considera a un supervisor de almacén de sesenta años que lleva siete años sobrio. Cada mañana comienza leyendo las Escrituras, orando y escribiendo en su diario personal. Pero cuando llega al trabajo, la presión comienza a dominarlo. Los empleados se quejan, las entregas se retrasan y la frustración empieza a crecer. Para la hora del almuerzo, ya les ha hablado duramente a dos personas y ha pasado casi toda la mañana irritado. Más tarde, se da cuenta de algo importante: había pasado tiempo con Dios antes de ir al trabajo, pero se había olvidado de caminar con Él durante su jornada laboral. El problema no era que Dios se hubiera alejado. Era que él había dejado de prestar atención a Su presencia.


Pablo instruyó a los creyentes: “Orad sin cesar” (1 Tesalonicenses 5:17). Eso no significa que debamos pasar cada momento del día de rodillas o pronunciando palabras en voz alta. Significa desarrollar una relación con Dios que continúe durante todo el día. Una oración silenciosa antes de una conversación difícil, un momento de gratitud mientras conducimos o una petición de paciencia cuando alguien nos irrita pueden convertirse en parte de nuestra comunión continua con Él. La oración no es simplemente algo que terminamos. Es una relación que continuamos cultivando.


Nuestro tiempo de quietud con Dios por la mañana nos ayuda a establecer esta conciencia de Su presencia. Abrimos la Biblia, oramos y después disminuimos el ritmo lo suficiente como para escuchar. En lugar de apresurarnos inmediatamente hacia la siguiente responsabilidad, dedicamos tiempo a considerar lo que el Espíritu Santo puede estar mostrándonos a través de la Palabra de Dios. Nuestro diario personal nos ayuda a registrar esas enseñanzas. Quizás un pasaje nos recuerda que debemos perdonar a alguien, revela una actitud que hemos pasado por alto o nos anima a confiar en Dios con una situación que no podemos controlar. Escribir estas cosas nos proporciona algo a lo que podemos regresar cuando las presiones del día comienzan a competir por nuestra atención.


David oró: “Me darás a conocer la senda de la vida; en tu presencia hay plenitud de gozo” (Salmo 16:11). La presencia de Dios no garantiza que todas nuestras circunstancias serán agradables. La recuperación todavía incluye decepciones, personas difíciles, presiones económicas y tentaciones inesperadas. Pero Su presencia cambia la manera en que enfrentamos esas situaciones. Ya no tenemos que reaccionar ante cada emoción como si fuera una emergencia. Podemos detenernos, orar, recordar Su verdad y escoger cómo responder.


Esto es especialmente importante cuando aparecen los antiguos deseos de consumir. Durante la adicción, nos acostumbramos a responder inmediatamente a cualquier incomodidad. Si sentíamos ansiedad, enojo, soledad o una presión abrumadora, buscábamos algo que cambiara nuestra manera de sentir. Practicar la presencia de Dios nos enseña a interrumpir ese viejo patrón. En lugar de buscar automáticamente una manera de escapar, podemos reconocer lo que está sucediendo, volvernos hacia Dios y comunicarnos con una persona de confianza cuando necesitemos apoyo. La cercanía de Dios no reemplaza las prácticas sabias de recuperación; fortalece nuestra disposición a utilizarlas.


Nuestro Inventario Moral Diario (DMI) puede ayudarnos a reconocer cuándo hemos estado viviendo de manera automática, sin prestar atención a lo que sucede en nuestro interior. Durante la noche, miramos hacia atrás y nos preguntamos: “¿Dónde reconocí la dirección de Dios hoy? ¿Dónde ignoré aquello que sabía que era correcto?”. Podemos escribir honestamente sin convertir nuestra reflexión en una condenación personal. Estamos aprendiendo a ser más atentos, no pretendiendo que nunca volveremos a distraernos.


La memorización de las Escrituras también mantiene nuestra conciencia de la presencia de Dios. Un versículo que recordamos durante una discusión, una reunión estresante o una noche de soledad puede redirigir nuestros pensamientos hacia Cristo. Filipenses 4:5 nos recuerda: “El Señor está cerca”. Esas cuatro palabras pueden interrumpir la mentira de que estamos enfrentando la vida solos.


Esta noche, recuerda que Dios estuvo presente durante cada hora de tu día, incluso en los momentos en que te olvidaste de Él. Mañana, comienza con oración y tu diario personal, pero no dejes atrás esa relación cuando cierres la Biblia. Llévala contigo al trabajo, a tus conversaciones y a cada decisión que tomes.


El Undécimo Paso no consiste simplemente en aprender a pasar tiempo con Dios. Consiste en aprender a vivir cada día con Él. Cuanto más practiquemos reconocer Su presencia, más naturalmente aprenderemos a volvernos hacia Él en lugar de regresar a las cosas que antes nos controlaban.


Por Su Gracia, a Su siervo Scott.

操练活在神的同在中

学习在晨间安静灵修之外,继续每天与神同行

多年来,成瘾使我们习惯了一种生活方式,仿佛只有在遇到紧急情况时,我们才需要神。当酒喝完了、毒品不再带来想要的效果、人际关系崩溃,或者错误选择所带来的后果终于临到我们时,我们才迫切地向神呼求。然而,一旦危机过去,我们往往又回到依靠自己生活的状态。即使进入康复之后,我们也可能在早晨花时间亲近神,随后却像祂不再参与我们的生活一样,度过剩下的一整天。第十一步邀请我们进入一种远超过晨间灵修习惯的生命。它教导我们认识到,我们在祷告中亲近的神,也是陪伴我们进入每一次谈话、每一项责任、每一个试探和每一个决定的神。圣经提醒我们:“我们生活、动作、存留,都在乎他。”(使徒行传 17:28)祂的同在并不局限于我们想起祂的那些时刻。


想象一位六十岁的仓库主管,他已经保持清醒七年了。每天早晨,他都会阅读圣经、祷告,并在灵修日记中写下自己的领受。然而,一到工作场所,压力便开始占据他的心。员工不断抱怨,货物配送出现延误,他的挫折感也越来越强烈。到了午饭时间,他已经严厉地责备了两个人,并且整个上午几乎都处于烦躁之中。后来,他意识到一件重要的事情:他在上班之前花时间与神相处,却忘记了在工作过程中继续与神同行。问题并不是神离开了他,而是他不再留意神的同在。


保罗教导信徒:“不住地祷告。”(帖撒罗尼迦前书 5:17)这并不意味着我们必须在清醒的每一分钟都跪着祷告,或者不断开口说话,而是要培养一种贯穿整天的与神之间的关系。在一场困难的谈话之前默默祷告,开车时献上片刻的感恩,或者当有人惹我们生气时求神赐下忍耐,这些都可以成为我们持续与神交通的一部分。祷告并不只是我们完成的一项事情,而是一种需要不断培养的关系。


每天早晨与神安静相处的灵修时间,帮助我们建立对祂同在的认识。我们打开圣经,向神祷告,然后放慢脚步,安静下来聆听。我们不必立刻匆忙投入下一项责任,而是留出时间,思想圣灵可能正在借着神的话语向我们显明什么。灵修日记帮助我们把这些领受记录下来。也许某段经文提醒我们需要饶恕某个人,显明一种被我们忽略的错误态度,或者鼓励我们把无法控制的事情交托给神。把这些内容写下来,使我们在一天的压力开始争夺注意力时,能够重新回顾神所教导我们的真理。


大卫祷告说:“你必将生命的道路指示我。在你面前有满足的喜乐。”(诗篇 16:11)神的同在并不保证我们所经历的每一种环境都会令人愉快。康复的道路上仍然会有失望、难以相处的人、经济压力,以及意想不到的试探。然而,祂的同在能够改变我们面对这些事情的方式。我们不再需要把每一种情绪都当作紧急情况来回应。我们可以停下来,祷告,记起祂的真理,然后选择正确的回应方式。


当过去熟悉的酒瘾或毒瘾再次出现时,这一点尤其重要。在成瘾的日子里,我们已经训练自己,一旦感到不舒服,就立刻采取行动。如果感到焦虑、愤怒、孤独或压力过大,我们便寻找某种东西来改变自己的感受。操练活在神的同在中,教导我们打断这种旧有的反应模式。我们不再自动寻找逃避的方法,而是可以先承认自己正在经历什么,转向神,并在需要支持时联系值得信任的人。神的亲近并不会取代康复过程中那些有智慧的实际操练,反而会坚固我们,使我们更愿意运用这些帮助。


每日道德省察(DMI)能够帮助我们认识到,自己什么时候开始不假思索地按照旧习惯生活。到了晚上,我们回顾一天的经历,并问自己:“今天,我在哪些时刻认识到神的引导?又在哪些时刻明知道什么是正确的,却仍然选择忽略?”我们可以诚实地记录,而不必把这样的反省变成对自己的定罪。我们是在学习变得更加敏锐,而不是假装自己永远不会再分心。


背诵圣经经文,也能帮助我们持续意识到神的同在。当我们在争执、充满压力的会议,或者孤独的夜晚想起一节经文时,神的话语就能够把我们的思想重新引向基督。腓立比书 4:5 提醒我们:“主已经近了。”这几个简单的字,能够打断那个告诉我们必须独自面对人生的谎言。


今晚,请记住,神在你今天的每一个小时都与你同在,包括那些你忘记祂的时刻。明天早晨,以祷告和写灵修日记开始新的一天,但不要在合上圣经之后,就把这份与神的关系留在原地。把这份关系带进你的工作、谈话和每一个决定之中。


第十一步不仅仅是学习如何花时间与神相处,更是学习如何每天与祂一同生活。 当我们越多操练认识祂的同在,就越能自然地学会转向祂,而不是重新回到那些曾经控制我们的酒精、毒品和旧有生活方式中。


靠着祂的恩典,献给祂的仆人 Scott。

Abstract Background

"For I know the plans I have for you," declares The Lord, "plans to prosper you and not to harm you, plans to give you a hope and a future."

(Jeremiah 29:11)

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