December 16
More Than My Testimony
Honoring Where God Brought You From Without Limiting Where He Can Use You

Step Twelve turns our attention toward giving back, but there are two ditches along that road. In one, we only talk about the alcohol, drugs, and destruction behind us. In the other, we avoid our past because shame still makes it painful to acknowledge. God calls us into honest freedom between those extremes. Our recovery story matters, but it is not the whole of our calling. We can remember where His mercy found us while remaining available for the life He is forming today.
A testimony can become a familiar script. We describe how bad things were and how we stopped using, yet say little about what obedience looks like now. The dramatic details begin occupying more space than the Savior who changed our direction. Scripture says, “Therefore if anyone is in Christ, he is a new creature; the old things passed away; behold, new things have come” (2 Corinthians 5:17). In your journal, ask: What is God teaching me today about patience, marriage, work, forgiveness, or honesty?
The opposite ditch is trying to become someone whose past nobody would suspect. A new title, ministry role, or polished appearance may become a hiding place. Serving outside recovery is not wrong, and privacy is not dishonesty. The concern is whether shame makes us pretend, conceal relevant truth, or distance ourselves from people whose struggles resemble our own. “Therefore there is now no condemnation for those who are in Christ Jesus” (Romans 8:1).
Public service cannot substitute for unfinished personal work. We may preach freedom while avoiding an apology, unpaid responsibility, or truth we have refused to acknowledge. “He who conceals his transgressions will not prosper, but he who confesses and forsakes them will find compassion” (Proverbs 28:13). Use your DMI, your Daily Moral Inventory, to ask: Am I using today’s good work to avoid yesterday’s unresolved responsibility? Seek wise guidance for appropriate amends, without causing further harm. Grace supports honest repair; it does not require self-punishment.
Giving back to people recovering from addiction can keep us connected to truths we still need. Their struggles remind us that we remain dependent on God, not superior to anyone. We can offer the comfort we have received from Him (2 Corinthians 1:3–4). Yet service requires discernment and boundaries. We need not enter unsafe settings or share every painful detail to be helpful. Stay accountable, tell your mentor when serving stirs cravings or distress, and receive help as readily as you offer it.
Begin the day with availability rather than a predetermined assignment. During quiet time, read Scripture and ask, Lord, who is in front of me today, and how can I serve faithfully? It may be someone seeking sobriety, a neighbor needing assistance, a child needing attention, or a coworker needing patience. Following Him includes ordinary acts of love that never require us to tell our addiction story.
Memorize this: “Whatever you do, do your work heartily, as for the Lord rather than for men” (Colossians 3:23). Let it shape both your visible ministry and your private conduct. A powerful account of past deliverance cannot replace keeping today’s promises. Step Twelve includes practicing these principles throughout life. The people around us should experience our growing honesty and grace and kindness, not only hear about our transformation.
Tonight, journal this question: Am I limiting myself to my past, hiding from it, or letting God use my whole life? Thank Him for one ordinary opportunity to serve, and bring any unfinished recovery work into the light with a trusted guide. You do not have to remain exclusively in addiction ministry, and you do not have to leave it to prove you have grown. Remember where grace found you. Stay teachable about what still needs healing. Then let God direct how your life bears witness today.
By His Grace to His servant Scott
Recent Devotionals
Más que mi testimonio
Honrar de dónde Dios te sacó sin limitar dónde puede usarte
El Paso Doce dirige nuestra atención hacia dar a otros lo que hemos recibido, pero hay dos extremos en ese camino. En uno, solamente hablamos del alcohol, las drogas y la destrucción que dejamos atrás. En el otro, evitamos nuestro pasado porque la vergüenza todavía hace doloroso reconocerlo. Dios nos llama a vivir una libertad honesta entre esos extremos. Nuestra historia de recuperación importa, pero no representa la totalidad de nuestro llamado. Podemos recordar dónde nos encontró Su misericordia mientras permanecemos disponibles para la vida que Él está formando hoy.
Un testimonio puede convertirse en un relato que repetimos de memoria. Describimos lo mal que estábamos y cómo dejamos de consumir, pero hablamos poco de cómo vivimos la obediencia ahora. Los detalles dramáticos comienzan a ocupar más espacio que el Salvador que cambió nuestra dirección. La Escritura dice: “De modo que si alguno está en Cristo, nueva criatura es; las cosas viejas pasaron; ahora han sido hechas nuevas” (2 Corintios 5:17). En tu diario, pregunta: ¿Qué me está enseñando Dios hoy acerca de la paciencia, el matrimonio, el trabajo, el perdón o la honestidad?
El extremo opuesto es intentar convertirnos en alguien cuyo pasado nadie sospecharía. Un nuevo título, una función ministerial o una apariencia impecable pueden convertirse en un escondite. Servir fuera del ámbito de la recuperación no está mal, y mantener privacidad no es deshonestidad. Lo preocupante es que la vergüenza nos lleve a fingir, ocultar verdades relevantes o alejarnos de personas cuyas luchas se parecen a las nuestras. “Por tanto, ahora no hay condenación para los que están en Cristo Jesús” (Romanos 8:1).
El servicio público no puede sustituir el trabajo personal que todavía está pendiente. Podemos predicar libertad mientras evitamos una disculpa, una obligación económica o una verdad que nos hemos negado a reconocer. “El que encubre sus pecados no prosperará, pero el que los confiesa y los abandona hallará misericordia” (Proverbios 28:13). Utiliza tu DMI, tu Inventario Moral Diario, para preguntarte: ¿Estoy usando las buenas obras de hoy para evitar una responsabilidad de ayer que sigue sin resolverse? Busca orientación sabia para reparar el daño de manera apropiada, sin causar más heridas. La gracia sostiene la reparación honesta; no exige castigarnos a nosotros mismos.
Ayudar a personas que se están recuperando de la adicción puede mantenernos conectados con verdades que todavía necesitamos. Sus luchas nos recuerdan que seguimos dependiendo de Dios y que no somos superiores a nadie. Podemos ofrecer el consuelo que hemos recibido de Él (2 Corintios 1:3–4). Sin embargo, servir requiere discernimiento y límites. No necesitamos entrar en ambientes inseguros ni compartir cada detalle doloroso para ser útiles. Sigue rindiendo cuentas, dile a tu mentor cuando servir despierte deseos de consumir o malestar, y recibe ayuda con la misma disposición con que la ofreces.
Comienza el día con disponibilidad, en lugar de decidir de antemano cómo tiene que usarte Dios. Durante tu tiempo a solas con Él, lee la Escritura y pregunta: Señor, ¿quién está delante de mí hoy y cómo puedo servirle fielmente? Puede ser alguien que busca sobriedad, un vecino que necesita ayuda, un niño que necesita atención o un compañero de trabajo que necesita paciencia. Seguir a Jesús incluye actos cotidianos de amor que no requieren contar nuestra historia de adicción.
Memoriza esto: “Todo lo que hagan, háganlo de corazón, como para el Señor y no para los hombres” (Colosenses 3:23). Permite que forme tanto tu ministerio visible como tu conducta privada. Un relato poderoso de la liberación del pasado no puede reemplazar el cumplimiento de las promesas de hoy. El Paso Doce incluye practicar estos principios en toda nuestra vida. Quienes nos rodean deben experimentar nuestra creciente honestidad, gracia y bondad, no solamente escuchar acerca de nuestra transformación.
Esta noche, escribe en tu diario: ¿Me estoy limitando a mi pasado, escondiéndome de él o permitiendo que Dios use toda mi vida? Agradécele una oportunidad cotidiana para servir y saca a la luz, con un guía de confianza, cualquier trabajo de recuperación que siga pendiente. No tienes que permanecer exclusivamente en el ministerio de recuperación, ni tienes que abandonarlo para demostrar que has crecido. Recuerda dónde te encontró la gracia. Mantén un corazón enseñable respecto a lo que todavía necesita sanar. Después, permite que Dios dirija cómo tu vida da testimonio hoy.
Por Su gracia a Su siervo Scott
不只是我的见证
记念神带你走出过去,却不限制祂使用你的地方
第十二步把我们的目光转向回馈他人,但这条路上有两个 极端。一个是,我们只谈论过去的酒精、毒品,以及它们造成的破坏;另一个是,我们回避过去,因为羞耻仍使我们难以承认它。神呼召我们走出这两个极端,活在诚实的自由中。我们的康复经历很重要,却不是我们全部的呼召。我们可以记得祂的怜悯在哪里找到我们,同时愿意回应祂今天正在塑造的生命。
见证可能变成一套反复讲述的熟悉台词。我们描述过去有多糟糕,以及自己怎样停止使用成瘾物质,却很少谈到今天如何活出顺服。那些戏剧性的细节,渐渐比改变我们生命方向的救主占据更多篇幅。圣经说:“所以,若有人在基督里,他就是新造的人;旧事已过,看哪,新事已经来到”(哥林多后书5:17)。在日记中问自己:今天,神正在教导我哪些关于忍耐、婚姻、工作、饶恕或诚实的功课?
另一个极端,是努力成为一个让别人完全猜不到其过去的人。新的头衔、事奉岗位,或精心维持的外在形象,都可能成为藏身之处。在康复领域之外服事并没有错,保留隐私也不等于不诚实。需要留意的是,羞耻是否使我们伪装、隐瞒与事情有关的重要真相,或疏远那些经历着类似挣扎的人。“因此,如今那些在基督耶稣里的人就不被定罪了”(罗马书8:1)。
公开的服事不能代替尚未完成的个人成长功课。我们可能一边传讲自由,一边逃避该有的道歉、尚未履行的经济责任,或一直不肯承认的真相。“遮掩自己过犯的,必不亨通;承认并离弃过犯的,必蒙怜悯”(箴言28:13)。运用你的DMI,也就是每日道德省察,问自己:我是否用今天的善行,逃避昨天尚未处理的责任?寻求智慧的指导,以合宜的方式弥补伤害,避免造成进一步的伤害。恩典支持诚实的修复,并不要求我们惩罚自己。
帮助正在从成瘾中康复的人,可以让我们继续接触那些自己仍然需要的真理。他们的挣扎提醒我们:我们仍然依靠神,并不比任何人优越。我们可以把从祂那里领受的安慰带给别人(哥林多后书1:3–4)。然而,服事需要分辨力和界限。我们不必进入不安全的环境,也不必讲出每一个痛苦的细节,才能对别人有帮助。继续接受监督;当服事引发饮酒、吸毒的渴望或内心不安时,要告诉你的导师。要像愿意帮助别人一样,也愿意接受帮助。
每天开始时,要怀着愿意被神使用的心,而不是预先规定祂必须怎样使用你。在安静亲近祂的时候,阅读圣经并祷告:主啊,今天谁在我面前?我 可以怎样忠心地服事他?可能是一个寻求戒酒戒毒的人、一位需要帮助的邻居、一个需要关注的孩子,或一位需要我们耐心对待的同事。跟随耶稣,包括日常生活中的爱心行动,而这些行动不一定需要我们讲述自己的成瘾经历。
请背诵这句话:“无论做什么,都要从心里做,像是为主做的,而不是为人做的”(歌罗西书3:23)。让它塑造你公开的事奉,也塑造你私下的行为。一个关于过去得释放的有力见证,不能代替今天信守承诺。第十二步包括在生活的各个方面实践这些原则。身边的人应当亲身经历我们日益增长的诚实、恩慈和良善,而不只是听我们讲述自己已经改变。
今晚,在日记中写下这个问题:我是在把自己局限于过去、躲避过去,还是让神使用我的整个生命?为一个日常服事的机会感谢祂,并在一位值得信任的引导者陪伴下,把尚未完成的康复功课带到光中。你不必只在成瘾康复事工中服事,也不必离开它来证明自己已经成长。记得恩典在哪里找到你。对于那些仍需医治的地方,保持受教的心。然后,让神引导你今天怎样用生命为祂作见证。
因祂的恩典,赐予祂的仆人 Scott
