June 11
Living the Message
When Our Daily Actions Give Credibility to Our Faith

There was a time when many of us could look someone straight in the eyes and promise we would never drink or use drugs again, knowing deep inside that we were already planning our next escape. We told our families we had changed, promised employers we would be dependable, and assured people we could be trusted. Yet our actions repeatedly contradicted our words. Addiction taught us how to talk our way out of trouble without changing the behavior that created it. But Jesus Christ calls us into something entirely different. James 1:22 says, “But prove yourselves doers of the word, and not just hearers who deceive themselves.” Recovery becomes a living testimony when our daily conduct begins reflecting the Christ we claim to follow.
The Christian Twelfth Step states: “Having had a spiritual awakening as the result of these steps, we tried to carry this message to others, and to practice these principles in all our affairs.” Notice those final words: in all our affairs. Not merely at church, in recovery meetings, or when someone is watching. The message must reach our homes, workplaces, relationships, finances, and private decisions. Carrying the message is more than explaining what Jesus has done. It is demonstrating what He continues doing in us.
Consider a forty-two-year-old man recovering from alcoholism who has returned to work after losing several jobs. He tells his supervisor that God has changed his life. But the real testimony begins when he arrives on time, completes his responsibilities, admits mistakes, and refuses to blame others. His coworkers may never attend a church service, but they observe something different about him. Philippians 1:27 instructs us to “conduct yourselves in a manner worthy of the gospel of Christ.” His consistency gives credibility to his testimony.
Now consider a young woman recovering from prescription drug addiction. She wants her family to believe she has changed, but they still question her decisions. Her first instinct is to become defensive. During her morning quiet time, however, she recognizes that trust cannot be demanded. She writes in her journal, “Lord, help me become trustworthy instead of demanding trust.” Over time, she practices honesty, respects boundaries, and follows through on commitments. Her family begins seeing what her words alone could never prove.
This is where our Daily Moral Inventory (DMI) becomes important. We examine whether our behavior matches what we profess to believe. Were we honest when dishonesty would have been easier? Did we treat someone with respect when we were frustrated? Did we serve because we cared, or because we wanted recognition? These questions are not intended to produce condemnation. They help us recognize where the Holy Spirit is still transforming our character.
Colossians 3:17 teaches, “Whatever you do in word or deed, do everything in the name of the Lord Jesus.” Think about that. Everything includes how we speak to our spouses, respond to our children, treat strangers, handle money, and behave when nobody knows our history. We cannot proclaim Christ publicly while deliberately practicing deception privately.
Living the message also requires humility when we fail. We will sometimes become impatient, speak carelessly, or make poor decisions. Spiritual maturity does not mean pretending these things never happen. It means recognizing them, confessing them, making things right, and continuing forward. Scripture memorization helps us carry God’s truth into those moments when our old reactions attempt to take control.
The Christian Twelfth Step also reminds us that our lives are meant to benefit others. Someone struggling with addiction may not initially listen to a sermon, but they may notice a former addict who shows up faithfully, listens without judgment, and offers help without expecting anything in return. First John 3:18 says, “Little children, let’s not love with word or with tongue, but in deed and truth.”
Our feet should demonstrate what our mouths proclaim. Yet our mouths still matter. When someone asks why our lives are different, we have an opportunity to explain the hope we have found in Jesus Christ. We are not the ones who change hearts. We faithfully live and share the message while trusting the Holy Spirit to draw others to Him.
Today, ask yourself a question: If nobody heard me speak about Jesus, would my actions give them reason to believe I know Him? Continue knowing Him through prayer, growing in Him through obedience, and showing Him through everyday faithfulness.
Living the message means becoming the kind of person whose actions support the truth spoken by their lips. When Christ is genuinely changing our lives, our testimony is no longer confined to what we say. It becomes visible in how we live.
By His Grace to His servant Scott
Recent Devotionals
Amando Bien a los Demás
Aprendiendo a Amar con Verdad, Paciencia y Límites Saludables
Una de las mayores tragedias de la adicción al alcohol y las drogas es cuánto daña nuestra capacidad de amar a los demás. Quizás amábamos sinceramente a nuestros cónyuges, hijos, padres y amigos, pero nuestras acciones muchas veces comunicaban algo completamente diferente. Mentíamos para proteger nuestra adicción, manipulábamos a quienes se preocupaban por nosotros, rompíamos promesas y, algunas veces, culpábamos a otros por las consecuencias de nuestras decisiones. Confundíamos el amor con conseguir lo que queríamos, y la preocupación con controlar a quienes nos rodeaban. Mientras continuamos con el Duodécimo Paso Cristiano, Dios comienza a enseñarnos que la recuperación no consiste solamente en abandonar los comportamientos destructivos. Se trata de aprender a amar a las personas de una manera que refleje el carácter de Jesucristo. Él dijo: “En esto conocerán todos que son Mis discípulos, si se tienen amor los unos a los otros” (Juan 13:35). Nuestras vidas transformadas deben hacer visible Su amor.
Considera a un joven de dieciocho años que se está recuperando de la adicción a la marihuana y a los medicamentos recetados. Sus padres pasaron años preocupados por sus decisiones, buscando dinero desaparecido y preguntándose si estaba diciendo la verdad. Ahora lleva varios meses sobrio, pero se frustra cuando todavía lo cuestionan. Les dice: “Si me amaran, confiarían en mí”. Durante su Inventario Moral Diario (DMI), comienza a reconocer algo importante. Ha estado midiendo el amor de sus padres según si le permiten hacer lo que quiere. Dios le está enseñando que amar bien a sus padres significa respetar sus preocupaciones, aceptar responsabilidad y permitir que la confianza crezca mediante una honestidad constante.
Primera de Corintios 13:4 nos recuerda: “El amor es paciente, es bondadoso”. Estas palabras parecen sencillas hasta que tenemos que practicarlas con alguien que nos ha decepcionado o que todavía tiene dificultades para confiar en nosotros. El amor no exige perdón inmediato, no obliga a la reconciliación ni requiere que otros sanen según nuestro calendario. Algunas veces, amar bien a alguien significa escuchar sin defendernos y permitirle expresar el dolor que nosotros mismos contribuimos a causar.
Un padre de cuarenta y siete años que se está recuperando del alcoholismo puede descubrir esta verdad alrededor de la mesa familiar. Su hija adolescente se ha distanciado después de años de promesas incumplidas. Él quiere explicarle cuánto ha cambiado, pero ella todavía no está preparada para escucharlo. En lugar de enojarse, comienza a estar presente constantemente, cumplir sus compromisos y respetar los sentimientos de su hija. Aprende que amarla no consiste en convencerla de que ahora es un hombre diferente. Consiste en convertirse en un padre cuyas acciones, poco a poco, hacen que sus palabras vuelvan a ser creíbles.
Filipenses 2:3 nos enseña: “Con humildad, considerando cada uno a los demás como más importantes que a sí mismo”. La adicción nos entrenó para poner nuestras necesidades primero. Cristo nos enseña a considerar cómo nuestras decisiones afectan a los demás. Esto no significa abandonar los límites saludables ni permitir el maltrato. Significa acercarnos a nuestras relaciones con humildad en lugar de sentir que tenemos derecho a exigir algo.
Imagina a una madre cuyo hijo adulto continúa luchando contra la adicción a la heroína. Ella lo ama profundamente, pero ha pasado años pagando sus deudas, justificando su comportamiento y protegiéndolo de las consecuencias. Finalmente reconoce que amarlo no significa financiar su adicción ni poner en peligro su propia seguridad. Puede ofrecerle ánimo, ayudarlo a encontrar tratamiento y mantenerse disponible para una comunicación saludable, mientras se niega a apoyar comportamientos destructivos. El amor y los límites no son enemigos. Algunas veces, los límites son precisamente lo que mantiene al amor honesto.
Nuestro tiempo de quietud con Dios por la mañana y la práctica de escribir en nuestro diario personal nos ayudan a examinar cómo tratamos a las personas. Podemos preguntar: “Señor, ¿estoy escuchando para comprender o solamente esperando mi oportunidad para defenderme? ¿Estoy ayudando porque amo o porque necesito controlar?”. Nuestro DMI revela el resentimiento, la impaciencia y las motivaciones egoístas antes de que se conviertan en acciones destructivas. La memorización de las Escrituras nos recuerda la verdad de Dios cuando nuestras emociones amenazan con dominarnos.
Amar bien a los demás también significa reconocer que no podemos cambiar el corazón de otra persona. Podemos hablar con verdad, demostrar compasión, ofrecer ayuda y orar fielmente, pero no podemos obligar a nadie a entrar en recuperación ni hacer que responda como nosotros deseamos. El Duodécimo Paso Cristiano nos llama a llevar el mensaje de la gracia de Dios, no a hacernos responsables de las decisiones de todas las demás personas.
Primera de Juan 4:19 declara: “Nosotros amamos, porque Él nos amó primero”. Aquí es donde comienza el amor saludable. No podemos seguir dando continuamente aquello que nos negamos a recibir de Dios. Nuestra relación con Cristo nos enseña paciencia cuando las personas nos decepcionan, perdón cuando somos heridos y valentía cuando es necesario establecer límites.
Esta noche, piensa en las personas que Dios ha puesto en tu vida. ¿Hay alguien que necesita una disculpa, una conversación paciente o un límite expresado con bondad? Quizás alguien simplemente necesita que lo escuches sin intentar resolverlo todo. Recuerda que el amor no se mide por la intensidad de nuestros sentimientos, sino por la fidelidad de nuestras respuestas.
Amar bien a los demás significa permitir que el amor de Cristo transforme nuestra manera de tratar a las personas. La recuperación se convierte en un testimonio vivo cuando nuestras familias, amigos e incluso desconocidos comienzan a experimentar paciencia donde antes había ira, honestidad donde había engaño y compasión donde antes gobernaba el egoísmo.
Por Su Gracia, a Su siervo Scott.
放下自我,谦卑服侍
学习帮助他人,而不寻求认可、控制或个人荣耀
在康复的过程中,有一种危险的试探可能悄悄地跟随着我们。过去多年,我们沉迷于酒精或毒品,生活总是围绕着自己想要什么、需要什么,以及怎样才能得到这些东西。如今,我们终于开始帮助别人。我们参与志愿服务,鼓励刚刚开始康复的人,服侍自己的家人,有时也参与教会或福音事工。这些都是美好的改变,但即使是好事,也可能成为满足自我、滋养骄傲的另一种方式。我们可能开始渴望得到认可、感谢,甚至拥有权威。基督教十二步骤中的第十二步教导我们,属灵的觉醒应该引导我们去服侍别人,却绝不能使自己成为服侍的中心。耶稣说:“你们中间谁愿为大,就必作你们的用人。”(马太福音 20:26)在神的国度里,真正的伟大是以谦卑来衡量的,而不是以掌声来衡量的。
想象一位二十一岁的年轻人,正在从大麻和处方药物成瘾中康复。在保持清醒几个月之后,他开始帮助康复之家里比自己年轻的学员。他很喜欢鼓励他们,但不久之后,当这些年轻人不听从他的建议时,他便开始感到沮丧。他心里想:“我为他们做了这么多,他们就应该听我的。”在进行每日道德省察(DMI)时,他发现了一个令自己不舒服的事实:他已经开始把帮助别人和控制别人混为一谈。他想要服侍的愿望,已经掺杂了想让自己显得重要的欲望。
加拉太书 1:10 挑战我们省察自己的内心,看看我们究竟是在寻求人的认可,还是寻求神的喜悦。欣赏别人的鼓励并没有错,但当得到认可成为我们的动机时,服侍就变成了另一种以自我为中心的生活方式。我们可能已经停止饮酒或吸毒,却仍然在与过去那种要求所有事情都围绕自己运转的旧习惯争战。
耶稣向我们展示了一种完全不同的生活方式。祂说:“因为人子来,并不是要受人的服侍,乃是要服侍人,并且要舍命,作多人的赎价。”(马可福音 10:45)请认真思想这句话。神的儿子甘心服侍那些误解祂、拒绝祂,甚至从未向祂表达感谢的人。祂的服侍出于爱,而不是为了证明自己的价值。
一位四十八岁、正在从酒精成瘾中康复的父亲,可能在多年忽略家庭之后,开始学习服侍家人。他准备饭菜,分担家务,也花时间陪伴孩子。然而,当妻子没有立刻称赞他的努力时,他的心中便开始滋生怨恨。他想:“难道没有人看见我已经改变了这么多吗? ”他的行为可能是好的,但他的期待却显明,他仍然需要学习谦卑。服侍家人不是为了换取原谅,也不意味着他有权要求别人立即重新信任自己。真正的爱愿意付出,而不强求别人作出某种回应。
哥林多前书 13:5 提醒我们,爱“不求自己的益处”。这并不意味着我们必须任人欺负,或者允许别人利用我们。健康的服侍需要界限、智慧和责任。我们不能替别人作决定,不能强迫任何人进入康复,也不能承担神交给别人自己负责的事情。有时候,最有爱心的做法,就是在提供支持的同时,允许对方承担自己选择所带来的后果。
每天早晨与神安静相处的灵修时间,以及写灵修日记的习惯,都能够帮助我们省察自己行为背后的动机。我们可以问:“主啊,我帮助这个人,究竟是因为我爱他,还是因为我想让自己成为别人不可缺少的人?”每日道德省察帮助我们发现,当自己的努力没有得到别人注意时,心中是否产生了怨恨。背诵圣经则提醒我们,我们的身份建立在基督里面,而不是建立在有多少人依赖我们之上。
想象一位母亲,多年来 一直试图把自己的成年儿子从毒瘾中拯救出来。她替儿子偿还债务,为他的行为寻找借口,并且一次又一次地保护他,使他不必面对自己行为的后果。她认为自己是在服侍和帮助儿子,但最终她意识到,自己强烈地想要拯救儿子的愿望,反而妨碍了他学习承担责任。通过祷告和寻求智慧的劝告,她开始明白,爱可以始终坚定,同时也能够设立清楚而稳固的界限。
放下自我、谦卑服侍,也体现在日常生活中最普通的地方。它可能是在没有人看见的时候打扫康复中心,耐心倾听一个需要鼓励的人,帮助同事却不期待对方回报,或者默默地为一个生活困难的家庭提供食物。歌罗西书 3:23 教导我们:“无论做什么,都要从心里做,像是给主做的,不是给人做的。”神看见那些别人可能永远不会注意到的忠心行动。
当我们继续实践基督教十二步骤中的第十二步时,请记住,我们是仆人,不是救主。我们能够传递福音的信息,提供鼓励,并彰显神的爱,但唯有神才能真正改变一个人的内心。我们必须继续培养自己与神的关系,而不是因为忙于帮助别人,反而忽略了自己的属灵成长。
放下自我、谦卑服侍,意味着我们帮助别人,是因为基督先爱了我们,而不是因为我们需要得到别人的赞赏。当我们放下对认可和控制的渴望时,我们的服侍就会成为神恩典真实的彰显,而一切荣耀也都归给祂。
靠着祂的恩典,献给祂的仆人 Scott。
