May 21
Learning to Be With God
Moving Beyond Asking God for Help to Learning to Hear His Heart

For many of us, the first time we seriously cried out to God was when our lives were falling apart. Alcohol and drugs had taken us places we never intended to go, and we desperately needed someone greater than ourselves. We prayed for deliverance, forgiveness, another opportunity, or simply the strength to survive another day. God heard those prayers. But somewhere along our recovery journey, we must discover that prayer is more than asking God to fix what is wrong. Step Eleven invites us into something deeper: learning to spend time with the One who has been walking with us all along. Scripture says, “Be still and know that I am God” (Psalm 46:10). Sometimes the most important thing we can do is stop talking long enough to listen.
Addiction trained us to avoid stillness. Silence brought uncomfortable memories, guilt, fear, and emotions we did not know how to handle. We reached for alcohol, drugs, entertainment, or anything that could quiet the noise inside. Even in recovery, we can remain so busy doing good things that we never learn to sit quietly with God. We attend meetings, serve others, work hard, and fulfill responsibilities, yet struggle to give our heavenly Father our undivided attention. Being busy for God is not the same as being with God.
Consider a fifty-year-old mechanic who has been sober for six years. Every morning he reads a few verses, says a quick prayer, and rushes out the door. His routine is consistent, but lately he realizes that he cannot remember the last time he simply sat with God without watching the clock. One morning, he leaves his phone in another room, opens his Bible and journal, and begins with a simple prayer: “Father, I’m here. What do You want to show me today?” For the first time in a long while, he is not trying to finish his quiet time. He is learning to enjoy it.
Jesus said, “Remain in Me, and I in you” (John 15:4). Remaining in Christ is not another assignment to complete. It is an ongoing relationship. Think about spending time with someone you love. Every conversation does not have to revolve around a problem, a request, or something that needs fixing. Sometimes being together is enough. Our relationship with God should become more than a list of needs presented to Him each morning.
This is where journaling becomes especially meaningful. We begin by praying, reading Scripture, and asking the Holy Spirit to help us understand what God is revealing through His Word. Then we slow down. We reflect on what we have read, consider what it means for our lives, and write down what stands out. Perhaps a passage exposes an attitude, brings a forgotten promise to mind, or reminds us of someone we need to forgive. We are not writing to impress anyone. We are documenting what we are learning as we spend time with God.
Jesus promised that the Holy Spirit “will guide you into all the truth” (John 16:13). We must remember that listening to God is not the same as treating every passing thought as a message from heaven. We test what we believe we are learning against Scripture and seek wise counsel when needed. But we should not become so afraid of making a mistake that we stop listening altogether. God’s Word gives us the foundation, and the Holy Spirit helps us understand and apply that truth.
Sometimes our journal will contain questions rather than answers. We may write, “Lord, why am I still struggling with fear?” or “What are You teaching me through this difficult relationship?” Other mornings, we may simply record a Scripture, a prayer of gratitude, or an area where we sense the need to grow. The purpose is not to fill pages. It is to cultivate an honest, attentive relationship with God.
When Martha was distracted by everything that needed to be done, Jesus spoke of Mary, who had chosen to sit and listen to Him. He said, “Mary has chosen the good part, which shall not be taken away from her” (Luke 10:42). Responsibilities matter, but so does learning when to stop working and simply receive from the Lord.
Step Eleven teaches us that prayer is not merely speaking to God; it is also making room to listen. The journal helps us remember what we are learning, recognize patterns, and return to truths we might otherwise forget. As our relationship deepens, obedience becomes more than following instructions. It becomes our response to Someone we are growing to know and love.
Tomorrow morning, do not rush through your quiet time just to say you completed it. Open your Bible, bring your journal, pray honestly, and give yourself permission to be still. We are not merely recovering from what once controlled us. We are learning to live in fellowship with the God who has set us free.
By His Grace to His servant Scott
Recent Devotionals
Aprendiendo a Estar con Dios
Más Allá de Pedirle Ayuda a Dios: Aprendiendo a Escuchar Su Corazón
Para muchos de nosotros, la primera vez que clamamos seriamente a Dios fue cuando nuestras vidas se estaban derrumbando. El alcohol y las drogas nos habían llevado a lugares donde nunca habíamos querido llegar, y necesitábamos desesperadamente a alguien más grande que nosotros mismos. Oramos pidiendo liberación, perdón, otra oportunidad o simplemente la fortaleza para sobrevivir un día más. Dios escuchó esas oraciones. Pero en algún momento de nuestro camino de recuperación, debemos descubrir que la oración es mucho más que pedirle a Dios que arregle lo que está mal. El Undécimo Paso nos invita a algo más profundo: aprender a pasar tiempo con Aquel que ha estado caminando con nosotros todo este tiempo. Las Escrituras dicen: “Estad quietos, y sabed que yo soy Dios” (Salmo 46:10). Algunas veces, lo más importante que podemos hacer es dejar de hablar el tiempo suficiente para escuchar.
La adicción nos enseñó a evitar la quietud. El silencio traía recuerdos incómodos, culpa, temor y emociones que no sabíamos cómo manejar. Recurríamos al alcohol, las drogas, el entretenimiento o cualquier cosa que pudiera silenciar el ruido que llevábamos dentro. Incluso durante la recuperación, podemos permanecer tan ocupados haciendo cosas buenas que nunca aprendemos a sentarnos tranquilamente con Dios. Asistimos a reuniones, servimos a los demás, trabajamos arduamente y cumplimos con nuestras responsabilidades, pero nos cuesta dedicarle a nuestro Padre celestial toda nuestra atención. Estar ocupados haciendo cosas para Dios no es lo mismo que estar con Dios.
Considera a un mecánico de cincuenta años que lleva seis años sobrio. Cada mañana lee algunos versículos, hace una oración rápida y sale apresuradamente de casa. Su rutina es constante, pero últimamente se ha dado cuenta de que no recuerda la última vez que simplemente se sentó con Dios sin estar pendiente del reloj. Una mañana, deja su teléfono en otra habitación, abre su Biblia y su diario personal, y comienza con una oración sencilla: “Padre, aquí estoy. ¿Qué quieres mostrarme hoy?”. Por primera vez en mucho tiempo, no está tratando de terminar su tiempo de quietud con Dios. Está aprendiendo a disfrutarlo.
Jesús dijo: “Permaneced en mí, y yo en vosotros” (Juan 15:4). Permanecer en Cristo no es otra tarea que debemos completar. Es una relación continua. Piensa en pasar tiempo con alguien a quien amas. No todas las conversaciones tienen que girar alrededor de un problema, una petición o algo que necesita ser arreglado. Algunas veces, simplemente estar juntos es suficiente. Nuestra relación con Dios debe llegar a ser mucho más que una lista de necesidades que le presentamos cada mañana.
Aquí es donde escribir en nuestro diario personal adquiere un significado especial. Comenzamos orando, leyendo las Escrituras y pidiendo al Espíritu Santo que nos ayude a comprender lo que Dios está revelando a través de Su Palabra. Después, disminuimos el ritmo. Reflexionamos sobre lo que hemos leído, consideramos lo que significa para nuestras vidas y escribimos aquello que llama nuestra atención. Quizás un pasaje revela una actitud equivocada, nos recuerda una promesa que habíamos olvidado o nos hace pensar en alguien a quien necesitamos perdonar. No escribimos para impresionar a nadie. Estamos documentando lo que aprendemos mientras pasamos tiempo con Dios.
Jesús prometió que el Espíritu Santo “os guiará a toda la verdad” (Juan 16:13). Debemos recordar que escuchar a Dios no es lo mismo que considerar cada pensamiento pasajero como un mensaje del cielo. Examinamos lo que creemos estar aprendiendo a la luz de las Escrituras y buscamos consejos sabios cuando sea necesario. Pero tampoco debemos tener tanto miedo de equivocarnos que dejemos de escuchar por completo. La Palabra de Dios nos proporciona el fundamento, y el Espíritu Santo nos ayuda a comprender y aplicar esa verdad.
Algunas veces, nuestro diario personal contendrá preguntas en lugar de respuestas. Quizás escribamos: “Señor, ¿por qué sigo luchando con el temor?” o “¿Qué me estás enseñando a través de esta relación difícil?”. Otras mañanas, simplemente registraremos un pasaje de las Escrituras, una oración de gratitud o un área en la que reconocemos que necesitamos crecer. El propósito no es llenar páginas. Es cultivar una relación honesta y atenta con Dios.
Cuando Marta estaba distraída por todo lo que necesitaba hacer, Jesús habló de María, quien había escogido sentarse a escucharlo. Él dijo: “María ha escogido la parte buena, la cual no le será quitada” (Lucas 10:42). Las responsabilidades son importantes, pero también lo es aprender cuándo debemos dejar de trabajar y simplemente recibir del Señor.
El Undécimo Paso nos enseña que la oración no consiste solamente en hablar con Dios; también significa hacer espacio para escucharlo. Nuestro diario personal nos ayuda a recordar lo que estamos aprendiendo, reconocer patrones y regresar a verdades que de otra manera podríamos olvidar. A medida que nuestra relación con Dios se profundiza, la obediencia se convierte en algo más que seguir instrucciones. Se transforma en nuestra respuesta a Alguien a quien estamos aprendiendo a conocer y amar.
Mañana por la mañana, no te apresures durante tu tiempo de quietud con Dios solamente para poder decir que lo completaste. Abre tu Biblia, toma tu diario personal, ora con honestidad y permítete estar en quietud.
No estamos simplemente recuperándonos de aquello que antes nos controlaba. Estamos aprendiendo a vivir en comunión con el Dios que nos ha hecho libres.
Por Su Gracia, a Su siervo Scott.
学习与神同在
不再只是向神寻求帮助,而是学习聆听祂的心意
对于我们许多人来说,第一次真正迫切地向神呼求,是在生命几乎崩溃的时候。酒精和毒品把我们带到了从未想过会去的地方,我们迫切需要一位比自己更伟大的救主。我们祈求得释放、得赦免、得到另一次机会,或者仅仅求神赐给我们力量,让我们能够再坚持一天。神垂听了这些祷告。然而,在康复的旅程中,我们终究需要明白,祷告远不只是求神修复生命中出了问题的事情。第十一步邀请我们进入一种更深的关系:学习花时间与那位一直陪伴我们同行的神相处。圣经说:“你们要休息,要知道我是神!”(诗篇 46:10)有时候,我们最需要做的,就是停止不断说话,安静下来,学习聆听。
成瘾曾经教会我们逃避安静。每当周围安静下来,令人不安的回忆、内疚、恐惧,以及不知道如何处理的情绪,就会浮现出来。于是,我们转向酒精、毒品、娱乐,或者任何能够暂时压制内心杂音的东西。即使进入康复之后,我们仍然可能忙着做许多好事,却始终没有学会安静地坐在神面前。我们参加康复聚会、服事别人、努力工作、履行责任,却很难把全部注意力专注在天父身上。忙着为神做事,并不等于真正与神同在。
想象一位五十岁的汽车修理工,他已经保持清醒六年了。每天早晨,他读几节圣经,简单祷告几句,然后匆忙出门。他一直坚持这样的习惯,但最近他意识到,自己已经记不清上一次不看时间、单纯安静地与神相处是什么时候了。一天早晨,他把手机放在另一个房间,打开圣经和灵修日记,以一个简单的祷告开始:“天父,我在这里。今天你想让我明白什么?”很长时间以来,这是他第一次不再急着完成灵修,而是开始学习享受与神相处的时间。
耶稣说:“你们要常在我里面,我也常在你们里面。”(约翰福音 15:4)住在基督里面,并不是另一项需要完成的任务,而是一种持续不断的关系。想想你与所爱的人共度时光的情景。并不是每一次谈话都必须围绕某个问题、请求,或者需要解决的事情。有时候,单纯地彼此陪伴就已经十分宝贵。我们与神的关系,也应该超越每天早晨向祂提出一连串需要的阶段。
这正是写灵修日记特别有意义的地方。我们先祷告、阅读圣经,并求圣灵帮助我们明白神借着祂的话语正在向我们显明什么。然后,我们放慢脚步,安静下来。我们思想刚刚读过的经文,思考这些真理与自己的生命有什么关系,并把特别触动我们的内容记录下来。也许某段经文显明了我们错误的态度,让我们想起一项曾经忘记的应许,或者提醒我们需要饶恕某个人。我们写这些内容,不是为了给别人留下好印象,而是在记录自己与神相处时所学习到的功课。
耶稣应许,圣灵“要引导你们明白一切的真理”(约翰福音 16:13)。我们必须记住,聆听神并不意味着把脑海中每一个突然出现的念头,都当作从天上来的信息。我们需要用圣经检验自己认为所领受到的教导,并在必要时向有智慧的人寻求建议。然而,我们也不应该因为害怕理解错误,就完全停止聆听。神的话语为我们提供根基,圣灵则帮助我们理解这些真理,并将它们应用在实际生活中。
有时候,我们的灵修日记中记录的可能是问题,而不是答案。我们也许会写:“主啊,为什么我仍然在与恐惧争战?”或者:“你正在借着这段困难的人际关系教导我什么?”另外一些早晨,我们可能只是记录一节经文、一段感恩的祷告,或者生命中一个需要继续成长的地方。写日记的目的不是填满多少页纸,而是培养一种与神之间诚实、专注、亲密的关系。
当马大因为许多需要完成的事情而忙乱分心时,耶稣谈到了马利亚,因为她选择坐下来聆听祂的教导。耶稣说:“马利亚已经选择那上好的福分,是不能夺去的。”(路加福音 10:42)承担责任固然重要,但学习什么时候应该停下手中的工作,单纯地来到主面前领受祂的教导,同样重要。
第十一步教导我们,祷告不只是向神说话,也包括为聆听祂而留出空间。灵修日记帮助我们记住所学到的功课,认识生命中反复出现的行为模式,并重新回到那些原本可能被我们遗忘的真理。当我们与神的关系不断加深时,顺服就不再只是遵守指示,而是成为我们对那位越来越认识、越来越深爱的神所作出的回应。
明天早晨,不要只是为了完成灵修而匆匆结束与神相处的时间。打开圣经,拿起灵修日记,诚实地祷告,并允许自己安静下来。
我们不仅仅是在从过去控制我们的酒精、毒品和旧有生活方式中恢复过来,更是在学习与那位已经使我们得自由的神建立亲密的交通,并且每天与祂同行。
靠着祂的恩典,献给祂的仆人 Scott。
