November 28
Learning To Be Still
Finding Peace in God’s Presence Without Escaping Ourselves

For many of us, being alone without alcohol or drugs once felt unbearable. When the room grew quiet, everything inside seemed to get louder. Regret spoke. Fear rehearsed tomorrow. Loneliness pressed against places we did not know how to comfort. We reached for something that would change the feeling before we had to face it. In recovery, we begin learning that discomfort does not have to decide our next move. We can pause, acknowledge what is happening, and invite God into the moment without running from ourselves.
Removing the substance does not automatically remove the habit of escape. We can stay busy, keep the television playing, scroll endlessly, or surround ourselves with people while avoiding our own hearts. Activity is not always wrong, but we need to ask what it is doing for us. Am I enjoying this, or am I afraid to stop? Quiet time with God gives us room to answer honestly. Jesus Himself made space for prayer: “But Jesus Himself would often slip away to the wilderness and pray” (Luke 5:16). If our Savior withdrew to commune with the Father, we need not feel guilty for stepping away from the noise.
Stillness is not a demand to empty your mind or force yourself to feel peaceful. It is a willingness to become present before God. Sit down. Set the phone aside. Read a short passage. Tell Him what is there, not what you think a good Christian should feel. “Trust in Him at all times, O people; pour out your heart before Him; God is a refuge for us” (Psalm 62:8). You do not have to clean up your emotions before approaching Him. Bring the anger, the sadness, the craving, or the confusion into an honest conversation with the One who knows you.
As you listen to what is happening within, remember that every thought is not truth and every feeling is not a command. Fear may predict abandonment; that does not make abandonment your future. Shame may call you worthless; that does not cancel what Christ has done. Scripture memorization helps you recognize another voice besides the old accusations. Hold this truth close: “Therefore there is now no condemnation for those who are in Christ Jesus” (Romans 8:1). Let God’s Word examine your thinking instead of allowing your thinking to rewrite His character.
Keep a journal nearby. Writing, “I am angry because I felt overlooked,” reveals more than an hour of pretending everything is fine. Your Daily Moral Inventory, your DMI, can help you notice what keeps returning: resentment, control, dishonesty, fear, or an apology you keep postponing. The purpose is not to collect evidence against yourself. It is to recognize what needs prayer, correction, healing, or a conversation with someone trustworthy. Silence becomes fruitful when what we discover leads us toward truth and a faithful response.
There is a difference between solitude and isolation. Solitude makes room to meet with God and return to people more honestly. Isolation hides the struggle and shuts out help. You do not prove strength by sitting alone until you are overwhelmed. Start with a few manageable minutes. If distress or cravings intensify, reach out to a trusted recovery companion and shorten the practice. Sometimes the faithful choice is asking someone to sit with you. God can meet us in quiet, and He also cares for us through people willing to listen.
Contentment grows through practice and dependence. Paul wrote, “I have learned to be content in whatever circumstances I am” (Philippians 4:11). Learned means there was a process. You may feel restless today and still be taking a step. Lasting serenity does not mean every inner storm disappears. It means you are learning where to turn when the storm comes. Today, let there be space without distraction. Breathe, pray, and remain honest. You can learn to be alone without being abandoned, to feel without immediately reacting, and to live today without escaping it.
By His Grace to His servant Scott.
Recent Devotionals
Aprender A Estar En Quietud
Encontrar paz en la presencia de Dios sin huir de nosotros mismos
Para muchos de nosotros, estar solos sin alcohol ni drogas alguna vez parecía insoportable. Cuando el ambiente quedaba en silencio, todo en nuestro interior parecía hacerse más fuerte. El remordimiento hablaba. El miedo ensayaba el mañana. La soledad tocaba lugares que no sabíamos cómo consolar. Buscábamos algo que cambiara lo que sentíamos antes de tener que enfrentarlo. En la recuperación, comenzamos a aprender que la incomodidad no tiene que decidir nuestro siguiente paso. Podemos detenernos, reconocer lo que sucede e invitar a Dios a ese momento sin huir de nosotros mismos.
Dejar la sustancia no elimina automáticamente el hábito de escapar. Podemos mantenernos ocupados, dejar encendido el televisor, pasar horas mirando el teléfono o rodearnos de personas mientras evitamos nuestro propio corazón. La actividad no siempre es mala, pero necesitamos preguntarnos qué función está cumpliendo. ¿Estoy disfrutando esto o tengo miedo de detenerme? El tiempo a solas con Dios nos permite responder con sinceridad. Jesús mismo apartaba tiempo para orar: «Pero con frecuencia Él se retiraba a lugares solitarios y oraba» (Lucas 5:16). Si nuestro Salvador se apartaba para tener comunión con el Padre, no tenemos por qué sentirnos culpables por alejarnos un momento del ruido.
La quietud no exige vaciar la mente ni obligarnos a sentir paz. Es la disposición de estar presentes delante de Dios. Siéntate. Deja el teléfono a un lado. Lee un pasaje breve. Dile lo que realmente hay en tu interior, no lo que crees que debería sentir un buen cristiano. «Confiad en Él en todo tiempo, oh pueblo; derramad vuestro corazón delante de Él; Dios es nuestro refugio» (Salmo 62:8). No necesitas poner en orden tus emociones antes de acercarte a Él. Lleva el enojo, la tristeza, el deseo de consumir o la confusión a una conversación sincera con Aquel que te conoce.
Mientras prestas atención a lo que sucede dentro de ti, recuerda que no todo pensamiento es verdad ni toda emoción es una orden. El miedo puede anunciar abandono, pero eso no significa que el abandono sea tu futuro. La vergüenza puede decirte que no vales nada, pero eso no anula lo que Cristo ha hecho. Memorizar las Escrituras te ayuda a reconocer otra voz además de las viejas acusaciones. Guarda cerca esta verdad: «Por consiguiente, no hay ahora condenación para los que están en Cristo Jesús» (Romanos 8:1). Permite que la Palabra de Dios examine tus pensamientos, en lugar de permitir que tus pensamientos redefinan Su carácter.
Ten un diario a mano. Escribir: «Estoy enojado porque sentí que no me tomaron en cuenta», revela más que una hora fingiendo que todo está bien. Tu Inventario Moral Diario, tu DMI, puede ayudarte a reconocer lo que sigue apareciendo: resentimiento, control, deshonestidad, miedo o una disculpa que continúas posponiendo. El propósito no es reunir pruebas contra ti mismo. Es reconocer qué necesita oración, corrección, sanidad o una conversación con alguien digno de confianza. El silencio da fruto cuando lo que descubrimos nos conduce hacia la verdad y una respuesta fiel.
Existe una diferencia entre apartarnos un momento y aislarnos. Estar a solas con Dios nos permite regresar a los demás con mayor honestidad. El aislamiento esconde la lucha y cierra la puerta a la ayuda. No demuestras fortaleza permaneciendo solo hasta sentirte abrumado. Comienza con unos pocos minutos que puedas manejar. Si la angustia o el deseo de consumir aumentan, comunícate con un compañero de recuperación de confianza y reduce ese tiempo. A veces, la decisión fiel es pedirle a alguien que se siente contigo. Dios puede encontrarnos en la quietud, y también nos cuida por medio de personas dispuestas a escuchar.
El contentamiento crece mediante la práctica y la dependencia de Dios. Pablo escribió: «He aprendido a contentarme cualquiera que sea mi situación» (Filipenses 4:11). Aprender implica un proceso. Hoy puedes sentir inquietud y, aun así, estar dando un paso. La serenidad duradera no significa que desaparezcan todas las tormentas interiores. Significa que estás aprendiendo adónde acudir cuando llegan. Hoy, deja espacio para estar sin distracciones. Respira, ora y mantente sincero. Puedes aprender a estar solo sin estar abandonado, a sentir sin reaccionar inmediatamente y a vivir este día sin escapar de él.
Por Su gracia a Su siervo Scott.
学习安静下来
在神的同在中找到平安,不再逃避自己
对我们许多人来说,曾经没有酒精或毒品陪伴的独处,是一件难以忍受的事。房间一安静,里面的声音似乎就更大了。懊悔开始说话,恐惧不断预演明天,孤独触碰那些我们不知道如何安慰的伤处。我们急着寻找某种东西改变感受,好让自己不必面对它。在康复中,我们开始学习:不舒服的感受不必决定下一步怎么走。我们可以停下来,承认正在发生的事,邀请神进入这一刻,而不再逃避自己。
停止使用成瘾物质,并不会自动消除逃避的习惯。我们仍可能不停忙碌、一直开着电视、无休止地刷手机,或让自己总被人群包围,却始终回避自己的内心。活动本身不一定有错,但我们需要问:它在我的生活中起着什么作用?我是真的享受,还是害怕停下来?每天安静亲近神,给我们诚实回答的空间。耶稣也为祷告留出时间:“耶稣却常常退到旷野去祷告”(路加福音5:16)。既然救主也会退下来与天父相交,我们就不必因为暂时离开喧闹而内疚。
安静不是要求你清空思想,也不是强迫自己立刻感到平安,而是愿意真实地来到神面前。坐下来,把手机放在一旁,读一小段经文。告诉祂你里面真实的情况,而不是你认为一个好基督徒应该有的感受。“众民哪,你们当时时倚靠祂,在祂面前倾心吐意;神是我们的避难所”(诗篇62:8)。你不需要先整理好情绪,才可以亲近祂。把愤 怒、悲伤、想要喝酒或用药的冲动,以及心中的困惑,都带到那位认识你的主面前,与祂诚实交谈。
当你留意内心的动静时,要记住:并不是每个念头都是真理,也不是每种情绪都是必须执行的命令。恐惧可能预告你会被抛弃,但这并不决定你的未来。羞耻可能说你毫无价值,但它不能抹去基督已经成就的工作。背诵经文,帮助你在那些熟悉的控告之外,辨认神真理的声音。把这句话牢记在心:“如今,那些在基督耶稣里的人就不被定罪了”(罗马书8:1)。让神的话语察验你的思想,不要让自己的思想重新定义神的性情。
把日记放在手边。写下“我很生气,因为我觉得自己被忽视了”,比花一个小时假装一切正常,更能揭示真实的问题。每日道德省察,也就是DMI,可以帮助你发现那些反复出现的事:怨恨、控制、虚假、恐惧,或一句你一直拖延着不肯说的道歉。目的不是搜集证据来控告自己,而是认清哪些地方需要祷告、纠正、医治,或与一位值得信赖的人谈谈。当我们所发现的事情引导我们走向真理,并作出忠心的回应,安静就开始结出果实。
独处与孤立是有区别的。独处为我们腾出与神相遇的空间,使我们能够更诚实地回到人群中;孤立却把挣扎藏起来,将帮助拒之门外。你不需要一直独自坐到承受不住,来证明自己坚强。先从几分钟、自己能够承受的时间开始。如果痛苦或想要使用成瘾物质的冲动加剧,就联系一位可信赖的康复同伴,并缩短独处的时间。有时候,忠心的选择就是请一个人陪你坐一会儿。神能够在安静中与我们相遇,也会借着愿意倾听的人照顾我们。
知足是在操练与倚靠神的过程中逐渐成长的。保罗说:“我无论在什么景况都可以知足,这是我已经学会了”(腓立比书4:11)。既然是学会的,就说明经历了一个过程。今天你可能仍感到不安,却依然正在向前迈步。持久的平静,不意味着内心的每一场风暴都会消失,而是你正在学习:风暴来到时,可以转向谁。今天,留出一点不受干扰的空间。呼吸,祷告,保持诚实。你可以学习独处而不把自己看作被遗弃的人,学习感受而不立即反应,也学习真实地度过今天,不再逃离它。
因着祂的恩典,赐予祂的仆人 Scott。
