May 5
Freedom Through Obedience
Discovering That True Freedom Comes From Surrendering Our Will and Walking in God’s Truth

For many of us, alcohol and drug addiction began with the promise of freedom. We wanted freedom from pain, responsibility, rejection, memories, and emotions we did not know how to handle. We believed nobody should tell us what to do, where to go, or how to live. Yet the very substances we embraced as an expression of freedom eventually became our masters. We could no longer choose when to stop, how much to consume, or what consequences to avoid. Jesus said, “You will know the truth, and the truth will set you free” (John 8:32). The greatest deception of addiction is convincing us that doing whatever we want is freedom, even while those desires are destroying our lives.
Step Nine brings us face to face with this truth. Making amends requires us to do things our old nature resisted: admit wrongdoing, accept consequences, repay debts, respect boundaries, and stop blaming others. During addiction, we considered these responsibilities restrictions. In recovery, we begin discovering that obedience to God is not another prison. It is the pathway out of the one we created.
Consider a man who once spent every paycheck on alcohol and drugs. He called it his money and insisted nobody had the right to question his decisions. Yet his family went without necessities, bills remained unpaid, and he lived constantly afraid of being confronted. Today, he brings his paycheck home, pays his obligations, and tells the truth about his finances. His choices may appear more restricted, but his life is becoming more peaceful. He has not lost his freedom by accepting responsibility. He is finally learning what freedom looks like.
Psalm 119:45 declares, “And I will walk at liberty, For I seek Your precepts.” God’s instructions are not designed to rob us of life. They protect us from the destruction that follows uncontrolled desires. The boundaries we once resented—honesty, sexual purity, financial responsibility, sobriety, and accountability—become safeguards for the life Christ is rebuilding within us.
Addiction trained us to resist authority. We argued with family members, ignored wise counsel, rejected correction, and treated anyone who challenged our behavior as an enemy. But James 4:7 instructs us, “Submit therefore to God. But resist the devil, and he will flee from you.” Notice the order. Submission to God comes before resistance to the enemy. We cannot continue demanding control of everything while expecting God to deliver us from the consequences of self-rule.
Obedience also changes the reason we do what is right. At first, we may obey because we fear losing our family, returning to jail, or suffering another relapse. Those concerns are real, but God desires something deeper. Jesus said, “If you love Me, you will keep My commandments” (John 14:15). As our relationship with Christ matures, obedience becomes an expression of love rather than merely an attempt to avoid punishment. We begin choosing truth because we love the One who is Truth.
One of the unexpected blessings of obedience is simplicity. During addiction, every lie required another lie. We remembered which story we told our spouse, which excuse we gave our employer, and which promises we made to people we had disappointed. We lived exhausted from managing appearances. Jesus taught, “But make sure your statement is, ‘Yes, yes’ or ‘No, no’” (Matthew 5:37). When we begin living honestly, we no longer need to maintain competing versions of ourselves. There is tremendous freedom in having nothing to conceal.
But freedom through obedience does not mean temptation disappears. Old desires may still rise when we are tired, lonely, angry, or discouraged. The difference is that we no longer have to obey those desires. We can call a mentor, leave a dangerous environment, confess a struggle, pray, and choose a different response. Each act of obedience strengthens the new patterns God is establishing in our lives.
Humility is essential because pride continually whispers that we know better. James 4:10 says, “Humble yourselves in the presence of the Lord, and He will exalt you.” Humility recognizes that our best thinking once led us into bondage. We need God’s wisdom, His Word, and people willing to speak truth into our lives. Depending upon God is not weakness. It is the beginning of spiritual strength.
This morning, examine what obedience has already changed in your life. Perhaps you no longer fear the telephone ringing because you are avoiding creditors. Perhaps your children know you will come home sober. Perhaps you can look your employer in the eye without hiding yesterday’s behavior. These are not insignificant victories. They are evidence that freedom is becoming a daily reality.
Step Nine teaches us that making amends is more than repairing yesterday’s damage. It is learning to live differently today. We cannot undo every consequence of addiction, but we can refuse to return to the choices that created them. True freedom is not the right to do whatever we desire. It is the God-given ability to choose what is right, even when our old nature wants something else.
By His Grace to His servant Scott
Recent Devotionals
Libertad a Través de la Obediencia
Descubriendo Que la Verdadera Libertad Viene de Rendir Nuestra Voluntad y Caminar en la Verdad de Dios
Para muchos de nosotros, la adicción al alcohol y las drogas comenzó con una promesa de libertad. Queríamos liberarnos del dolor, de las responsabilidades, del rechazo, de los recuerdos y de las emociones que no sabíamos cómo manejar. Creíamos que nadie debía decirnos qué hacer, adónde ir o cómo vivir. Sin embargo, las mismas sustancias que abrazamos como una expresión de libertad terminaron convirtiéndose en nuestros amos. Ya no podíamos decidir cuándo detenernos, cuánto consumir o qué consecuencias evitar. Jesús dijo: “Y conoceréis la verdad, y la verdad os hará libres” (Juan 8:32). El mayor engaño de la adicción es convencernos de que hacer todo lo que deseamos es libertad, incluso mientras esos deseos están destruyendo nuestras vidas.
El Noveno Paso nos confronta directamente con esta verdad. Reparar el daño requiere hacer cosas a las que nuestra vieja naturaleza se resistía: admitir nuestras faltas, aceptar las consecuencias, pagar nuestras deudas, respetar los límites de los demás y dejar de culpar a otras personas. Durante la adicción, considerábamos estas responsabilidades como restricciones. En la recuperación, comenzamos a descubrir que la obediencia a Dios no es otra prisión. Es el camino para salir de aquella que nosotros mismos construimos.
Considera a un hombre que antes gastaba cada salario en alcohol y drogas. Decía que era su dinero e insistía en que nadie tenía derecho a cuestionar sus decisiones. Sin embargo, a su familia le faltaban cosas necesarias, las cuentas permanecían sin pagar y él vivía constantemente con temor de que alguien lo confrontara. Hoy lleva su salario a casa, cumple con sus obligaciones y dice la verdad acerca de sus finanzas. Sus decisiones pueden parecer más limitadas, pero su vida se está volviendo más tranquila. No ha perdido su libertad al aceptar responsabilidad. Finalmente está aprendiendo cómo es la verdadera libertad.
Salmo 119:45 declara: “Y andaré en libertad, porque busco tus preceptos”. Las instrucciones de Dios no están diseñadas para robarnos la vida. Nos protegen de la destrucción que producen los deseos descontrolados. Los límites que antes rechazábamos —la honestidad, la pureza sexual, la responsabilidad financiera, la sobriedad y la rendición de cuentas— se convierten en protección para la vida que Cristo está reconstruyendo dentro de nosotros.
La adicción nos enseñó a resistir la autoridad. Discutíamos con nuestros familiares, ignorábamos los consejos sabios, rechazábamos la corrección y tratábamos como enemigos a quienes cuestionaban nuestro comportamiento. Pero Santiago 4:7 nos instruye: “Por tanto, someteos a Dios. Resistid, pues, al diablo y huirá de vosotros”. Observa el orden. Primero viene la sumisión a Dios y después la resistencia al enemigo. No podemos continuar exigiendo el control absoluto de todo mientras esperamos que Dios nos libre de las consecuencias de gobernarnos a nosotros mismos.
La obediencia también transforma la razón por la cual hacemos lo correcto. Al principio, quizás obedezcamos porque tememos perder a nuestra familia, regresar a la cárcel o sufrir otra recaída. Esas preocupaciones son reales, pero Dios desea algo más profundo. Jesús dijo: “Si me amáis, guardaréis mis mandamientos” (Juan 14:15). A medida que nuestra relación con Cristo madura, la obediencia se convierte en una expresión de amor, en lugar de ser solamente un intento de evitar el castigo. Comenzamos a escoger la verdad porque amamos a Aquel que es la Verdad.
Una de las bendiciones inesperadas de la obediencia es la sencillez. Durante la adicción, cada mentira necesitaba otra mentira. Teníamos que recordar qué historia le contamos a nuestro cónyuge, qué excusa le dimos a nuestro empleador y qué promesas hicimos a las personas que habíamos decepcionado. Vivíamos agotados tratando de mantener las apariencias. Jesús enseñó: “Antes bien, sea vuestro hablar: ‘Sí, sí’ o ‘No, no’” (Mateo 5:37). Cuando comenzamos a vivir honestamente, ya no necesitamos mantener versiones contradictorias de nosotros mismos. Existe una libertad extraordinaria en no tener nada que ocultar.
Pero la libertad a través de la obediencia no significa que la tentación desaparezca. Los viejos deseos todavía pueden surgir cuando estamos cansados, solos, enojados o desanimados. La diferencia es que ya no tenemos que obedecer esos deseos. Podemos llamar a un mentor, alejarnos de un ambiente peligroso, confesar una lucha, orar y escoger una respuesta diferente. Cada acto de obediencia fortalece los nuevos patrones que Dios está estableciendo en nuestras vidas.
La humildad es esencial porque el orgullo continuamente nos susurra que sabemos más que los demás. Santiago 4:10 dice: “Humillaos en la presencia del Señor y Él os exaltará”. La humildad reconoce que nuestra antigua manera de pensar nos llevó a la esclavitud. Necesitamos la sabiduría de Dios, Su Palabra y personas dispuestas a hablar la verdad a nuestras vidas. Depender de Dios no es debilidad. Es el comienzo de la fortaleza espiritual.
Esta mañana, examina lo que la obediencia ya ha cambiado en tu vida. Quizás ya no temes que suene el teléfono porque estás evitando a tus acreedores. Tal vez tus hijos saben que regresarás a casa sobrio. Quizás puedes mirar a tu empleador directamente a los ojos sin esconder el comportamiento del día anterior. Estas no son victorias insignificantes. Son evidencias de que la libertad se está convirtiendo en una realidad diaria.
El Noveno Paso nos enseña que reparar el daño es mucho más que corregir las consecuencias del ayer. Es aprender a vivir de una manera diferente hoy. No podemos deshacer todas las consecuencias de la adicción, pero podemos negarnos a regresar a las decisiones que las produjeron. La verdadera libertad no es el derecho de hacer todo lo que deseamos. Es la capacidad que Dios nos da para escoger lo correcto, incluso cuando nuestra vieja naturaleza desea algo diferente.
Por Su Gracia, a Su siervo Scott.
顺服带来的自由
发现真正的自由来自交托自己的意志,并行在神的真理之中
对我们许多人来说,酒精和毒品成瘾最初都是以自由的承诺开始的。我们渴望摆脱痛苦、责任、拒绝、过去的记忆,以及那些自己不知道如何面对的情绪。我们认为,没有人有权告诉我们该做什么、该去哪里,或者该怎样生活。然而,那些我们曾经视为自由象征的酒精和毒品,最终却成为了我们的主人。我们不再能够决定什么时候停止、使用多少,或者如何避免后果。耶稣说:“你们必晓得真理,真理必叫你们得以自由。”(约翰福音 8:32)成瘾最大的欺骗,就是让我们相信随心所欲就是自由,即使那些欲望正在摧毁我们的生命。
第九步让我们不得不正视这个真理。弥补过错要求我们去做那些旧有本性一直抗拒的事情:承认错误、接受后果、偿还债务、尊重界限,并停止责怪别人。在成瘾期间,我们把这些责任看作限制。但在康复过程中,我们开始发现,顺服神并不是进入另一座监狱,而是走出自己亲手建造的牢笼。
想象一个男人,过去他把每一份工资都花在酒精和毒品上。他声称那是自己的钱,坚持认为没有人有权质疑他的决定。然而,他的家人缺乏生活必需品,账单长期拖欠,而他也一直生活在害怕被人追问的恐惧中。如今,他把工资带回家,履行自己的经济责任,并诚实交代财务状况。他的选择看起来似乎受到了更多约束,但他的生活却正在变得更加平安。他并没有因为承担责任而失去自由。他终于开始明白真正的自由是什么样子。
诗篇 119:45 宣告:“我要自由而行,因我素来考究你的训词。”神的教导并不是为了剥夺我们的生活,而是保护我们远离失控欲望所带来的毁灭。那些我们曾经厌恶的界限——诚实、性方面的纯洁、财务责任、保持清醒不再饮酒吸毒,以及愿意接受监督和劝导——如今都成为保护基督正在我们里面重建之生命的重要保障。
成瘾教会我们抗拒权柄。我们与家人争吵,忽视明智的劝告,拒绝接受纠正,并把任何质疑我们行为的人都当作敌人。但雅各书 4:7 教导我们:“故此,你们要顺服神。务要抵挡魔鬼,魔鬼就必离开你们逃跑了。”请注意这里的顺序:先顺服神,然后才能抵挡仇敌。我们不能一方面坚持掌控所有事情,另一方面又期待神拯救我们脱离自我作主所造成 的后果。
顺服也会改变我们选择做正确事情的动机。刚开始时,我们可能因为害怕失去家人、再次入狱,或者重新陷入成瘾而选择顺服。这些担忧都是真实的,但神希望我们进入更深的关系。耶稣说:“你们若爱我,就必遵守我的命令。”(约翰福音 14:15)随着我们与基督的关系逐渐成熟,顺服就不再只是为了避免惩罚,而成为爱祂的一种表达。我们开始选择真理,因为我们爱那位本身就是真理的主。
顺服带来的一项意想不到的祝福,就是生活变得简单。在成瘾期间,每一个谎言都需要另一个谎言来掩盖。我们必须记住自己对配偶讲过什么故事,向雇主编造过什么借口,又向那些被我们伤害的人作出过什么承诺。我们为了维持虚假的形象而精疲力竭。耶稣教导:“你们的话,是,就说是;不是,就说不是。”(马太福音 5:37)当我们开始诚实生活时,就不再需要维持几个彼此矛盾的自己。不再有必须隐藏的事情,本身就是一种极大的自由。
然而,顺服带来的自由并不意味着诱惑会完全消失。当我们疲惫、孤独、愤怒或灰心时,过去的欲望仍然可能再次出现。不同的是,我们不再必须听从这些欲望。我们可以打电话给导师,离开危险的环境,坦诚说出自己的挣扎,向神祷告,并选择不同的回应方式。每一次顺服,都在加强神正在我们生命中建立的新习惯。
谦卑是不可缺少的,因为骄傲总会在耳边低语,告诉我们自己比别人更懂。雅各书 4:10 说:“务要在主面前自卑,主就必叫你们升高。”谦卑意味着承认,我们过去自以为正确的想法,曾经把自己带入奴役之中。我们需要神的智慧、祂的话语,以及那些愿意向我们讲真话的人。依靠神并不是软弱,而是属灵力量的开始。
今天早晨,请认真思想,顺服已经在你的生命中带来了哪些改变。也许你不再因为躲避债主而害怕电话铃声响起。也许你的孩子已经知道,你会清醒地回到家中,不再带着酒气或毒品的影响。也许你终于能够坦然地直视雇主的眼睛,不再隐藏昨天的行为。这些绝不是微不足道的胜利。它们证明,自由正在成为你每天生活中的真实经历。
第九步教导我们,弥补过错远远不只是修复昨 天造成的伤害,更是学习今天如何以全新的方式生活。 我们无法消除成瘾所带来的每一个后果,但我们可以拒绝重新回到那些造成伤害的错误选择中。真正的自由,并不是拥有随心所欲做任何事情的权利。真正的自由,是神赐给我们选择正确道路的能力,即使我们旧有的本性仍然渴望走向别的方向。
靠着祂的恩典,献给祂的仆人 Scott。
