October 14
Facing The Illusion
When the 20% We Want to See Keeps Us From Facing the Other 80%

One of the hardest people we will ever face in recovery is ourselves. Alcohol and drug addiction do more than alter our behavior; over time, they can alter the way we see ourselves. We build an image that allows us to survive without having to look directly at what we have become. The dangerous thing about this illusion is that it usually is not completely false. There is often some truth in it. Maybe we worked hard. Maybe we provided for our family. Maybe we were generous. Maybe we helped people. Maybe we never lost the house, never went to jail, or never used the drugs someone else used. Those things may all be true. But addiction can take that 20% of truth and use it to keep us from facing the other 80%. “All the ways of a man are clean in his own sight, but the LORD weighs the motives” (Proverbs 16:2).
That is how the illusion survives. We begin living off our highlight reel while ignoring the wreckage behind the scenes. We remember the bills we paid but forget the promises we broke. We remember going to work but overlook coming home drunk. We remember helping someone but minimize manipulating someone else. We remember the times we were present for our children while avoiding the times alcohol or drugs made us emotionally unavailable. We compare ourselves with someone who “was worse” and use their destruction as evidence that ours really wasn’t that bad. Addiction loves comparison because comparison allows us to remain dishonest without feeling dishonest.
Real recovery begins when God starts tearing down that illusion. This is why God must be in the agenda. Left alone, we can almost always find another explanation for ourselves. We justify, rationalize, minimize, blame, and rewrite history. But God does not look at the edited version. David prayed, “Search me, God, and know my heart; Put me to the test and know my anxious thoughts; And see if there is any hurtful way in me” (Psalm 139:23-24). That is a dangerous prayer for an addict because we are giving God permission to show us what we have spent years avoiding. We stop asking God to expose everybody else and finally say, “Lord, show me me.”
But God never intended us to do this alone. Someone else needs to be in the agenda. Addiction grows in isolation, and illusion grows where nobody is allowed close enough to challenge our story. We need a sponsor, mentor, pastor, counselor, or spiritually mature person who loves us enough to tell us the truth. “Faithful are the wounds of a friend, But deceitful are the kisses of an enemy” (Proverbs 27:6). We do not need another person who agrees with every explanation we give. We need someone who can lovingly ask, “Is that really what happened?” Sometimes another set of eyes can see what years of addiction trained us not to see.
This is why the Fourth and Fifth Steps are so powerful. Step Four makes us stop speaking in generalities and start examining specifics. Our resentments. Our fears. Our dishonesty. Our pride. Our selfishness. Our manipulation. Our sexual conduct. The people we harmed. The motives underneath our behavior. The patterns we blamed on everybody else. Step Four puts the mirror in front of us and says, “Quit looking around the room. Look here.” “Let’s examine and search out our ways, And let’s return to the LORD” (Lamentations 3:40).
Then comes Step Five. What we discovered before God and wrote down in Step Four now comes out of hiding. “Therefore, confess your sins to one another, and pray for one another so that you may be healed” (James 5:16). There is something powerful about speaking the truth to another human being. The private version of ourselves begins losing its power. Secrets lose oxygen. Excuses become harder to maintain. The illusion starts cracking because what once existed only inside our own head has now been brought into the light.
Facing ourselves is not about learning to hate ourselves. That is another distortion. God is not exposing us to destroy us; He is exposing what is destroying us. Jesus said, “You will know the truth, and the truth will set you free” (John 8:32). Truth may hurt before it heals, but we cannot surrender a person we are still pretending not to be. Recovery becomes real when we can finally say: This is what happened. This is what I did. This is what was done to me. This is what alcohol and drugs helped me become. This is where I was dishonest. This is where I hurt people. And this is where Jesus Christ is changing me.
The illusion has to die because God wants to restore the real person underneath it. We do not bring Him our résumé, our reputation, our excuses, or the 20% we are proud of. We bring Him all of us. God brings the light. Another person brings accountability. Step Four brings examination. Step Five brings confession. Truth tears down the illusion, and grace begins rebuilding the person. The day we finally stop protecting the person we pretended to be may become the day we finally discover the person God created us to become.
By His Grace to His servant Scott
Recent Devotionals
Enfrentando La Ilusión
Cuando el 20% que queremos ver nos impide enfrentar el otro 80%
Una de las personas más difíciles que tendremos que enfrentar en la recuperación somos nosotros mismos. La adicción al alcohol y las drogas hace mucho más que alterar nuestro comportamiento; con el tiempo, puede alterar la manera en que nos vemos a nosotros mismos. Construimos una imagen que nos permite sobrevivir sin tener que mirar directamente en lo que nos hemos convertido. Lo peligroso de esta ilusión es que normalmente no es completamente falsa. Casi siempre contiene algo de verdad. Tal vez trabajábamos duro. Tal vez proveíamos para nuestra familia. Tal vez éramos generosos. Tal vez ayudábamos a otros. Tal vez nunca perdimos la casa, nunca fuimos a la cárcel o nunca consumimos las drogas que otra persona consumía. Todo eso puede ser verdad. Pero la adicción puede tomar ese 20% de verdad y utilizarlo para impedirnos enfrentar el otro 80%. “Todos los caminos del hombre son limpios ante sus propios ojos, pero el SEÑOR sondea los espíritus” (Proverbios 16:2).
Así es como sobrevive la ilusión. Comenzamos a vivir de nuestros mejores momentos mientras ignoramos la destrucción que existe detrás de ellos. Recordamos las cuentas que pagamos, pero olvidamos las promesas que rompimos. Recordamos haber ido a trabajar, pero ignoramos las veces que llegamos borrachos a casa. Recordamos haber ayudado a alguien, pero minimizamos las veces que manipulamos a otra persona. Recordamos los momentos en que estuvimos presentes para nuestros hijos, mientras evitamos reconocer las veces que el alcohol o las drogas nos hicieron emocionalmente ausentes. Nos comparamos con alguien que “estaba peor” y usamos su destrucción como evidencia de que la nuestra realmente no era tan grave. La adicción ama la comparación porque la comparación nos permite seguir siendo deshonestos sin sentirnos deshonestos.
La verdadera recuperación comienza cuando Dios empieza a derribar esa ilusión. Por eso Dios tiene que estar en el proceso. Cuando estamos solos, casi siempre podemos encontrar otra explicación para nuestro comportamiento. Justificamos, racionalizamos, minimizamos, culpamos y reescribimos nuestra historia. Pero Dios no mira la versión editada. David oró: “Examíname, oh Dios, y conoce mi corazón; Pruébame y conoce mis inquietudes. Y ve si hay en mí camino malo, y guíame en el camino eterno” (Salmos 139:23-24). Esa es una oración peligrosa para un adicto porque estamos dando permiso a Dios para mostrarnos aquello que hemos pasado años evitando. Dejamos de pedirle a Dios que exponga a todos los demás y finalmente decimos: “Señor, muéstrame quién soy realmente”.
Pero Dios nunca quiso que hiciéramos esto solos. Otra persona necesita formar parte del proceso. La adicción crece en el aislamiento, y la ilusión crece donde nadie puede acercarse lo suficiente para cuestionar nuestra historia. Necesitamos un padrino, mentor, pastor, consejero o una persona espiritualmente madura que nos ame lo suficiente para decirnos la verdad. “Fieles son las heridas del amigo, pero engañosos los besos del enemigo” (Proverbios 27:6). No necesitamos a otra persona que esté de acuerdo con cada explicación que damos. Necesitamos a alguien que pueda preguntarnos con amor: “¿Eso fue realmente lo que pasó?”. A veces otros ojos pueden ver lo que años de adicción nos entrenaron para no ver.
Por eso el Cuarto y Quinto Paso son tan poderosos. El Cuarto Paso nos obliga a dejar de hablar en términos generales y comenzar a examinar cosas específicas: nuestros resentimientos, temores, deshonestidad, orgullo, egoísmo, manipulación, conducta sexual, las personas que dañamos, los motivos detrás de nuestro comportamiento y los patrones que culpábamos a otros por tener. El Cuarto Paso coloca el espejo delante de nosotros y dice: “Deja de mirar alrededor. Mira aquí”. “Examinemos y escudriñemos nuestros caminos, y volvamos al SEÑOR” (Lamentaciones 3:40).
Después viene el Quinto Paso. Lo que descubrimos delante de Dios y escribimos en el Cuarto Paso ahora sale de su escondite. “Por tanto, confiésense sus pecados unos a otros, y oren unos por otros para que sean sanados” (Santiago 5:16). Hay algo poderoso en decirle la verdad a otro ser humano. La versión privada que hemos creado de nosotros mismos comienza a perder su poder. Los secretos pierden oxígeno. Las excusas se vuelven más difíciles de mantener. La ilusión comienza a quebrarse porque aquello que antes existía solamente dentro de nuestra mente ahora ha sido llevado a la luz.
Enfrentarnos a nosotros mismos no significa aprender a odiarnos. Eso sería otra distorsión. Dios no nos expone para destruirnos; Él expone aquello que nos está destruyendo. Jesús dijo: “Conocerán la verdad, y la verdad los hará libres” (Juan 8:32). La verdad puede doler antes de sanar, pero no podemos entregar a una persona que todavía fingimos no ser. La recuperación se vuelve real cuando finalmente podemos decir: Esto es lo que ocurrió. Esto es lo que hice. Esto es lo que me hicieron. Esto es en lo que el alcohol y las drogas me ayudaron a convertirme. Aquí fui deshonesto. Aquí lastimé a otros. Y aquí es donde Jesucristo me está transformando.
La ilusión tiene que morir porque Dios quiere restaurar a la persona verdadera que está debajo de ella. No le llevamos nuestro currículum, reputación, excusas ni solamente el 20% del cual estamos orgullosos. Le entregamos todo nuestro ser. Dios trae la luz. Otra persona trae responsabilidad. El Cuarto Paso trae examen. El Quinto Paso trae confesión. La verdad derriba la ilusión, y la gracia comienza a reconstruir a la persona. El día que finalmente dejemos de proteger a la persona que fingíamos ser puede convertirse en el día en que finalmente descubramos a la persona que Dios nos creó para ser.
Por Su Gracia a Su siervo Scott
面对幻象
当我们只愿看见那20%,就会逃避面对另外的80%
在康复的道路上,我们最难面对的人之一,其实就是自己。酒精和毒品成瘾所改变的,不仅仅是我们的行为;随着时间推移,它也会扭曲我们看待自己的方式。我们会为自己塑造出一个形象,让自己可以继续生活,却不必真正面对自己已经变成了什么样的人。这种幻象最危险的地方,就是它通常并非完全虚假,其中往往包含一部分真实。也许我们一直努力工作,也许我们曾经供养家庭,也许我们很慷慨,也许我们帮助过别人。也许我们从来没有失去房子,没有坐过牢,也没有使用过别人使用的那些毒品。这些可能都是真的。然而,成瘾却会抓住这20%的真实,用它来阻止我们面对另外那80%的现实。“人一切所行的,在自己眼中看为清洁;惟有耶和华衡量人心。” (箴言16:2)
幻象就是这样存活下来的。我们开始靠着自己人生中的“精彩片段”生活,却忽略镜头之外留下的一片狼藉。我们记得自己付过账单,却忘记自己违背过多少承诺;我们记得自己仍然去上班,却忽略自己醉醺醺回家的那些夜晚;我们记得自己曾经帮助别人,却淡化自己操纵别人的行为。我们记得自己曾经陪伴孩子,却不愿承认酒精和毒品曾使我们在情感上完全缺席。我们拿自己和一个“比我更糟糕”的人比较,然后用他的毁灭证明自己的问题“其实没那么严重”。成瘾喜欢比较,因为比较能够让我们继续活在不诚实里,却感觉自己仍然很诚实。
真正的康复,是从神开始拆毁这个幻象的时候开始的。这就是为什么神必须进入整个康复过程。只靠自己,我们几乎总能为自己的行为找到另一种解释。我们辩解、合理化、淡化问题、责怪别人,甚至重新编写自己的历史。但是神所看见的,不是我们精心剪辑过的版本。大卫祷告说:“神啊,求你鉴察我,知道我的心思;试炼我,知道我的意念;看在我里面有什么恶行没有,引导我走永生的道路。”(诗篇139:23-24)对于一个成瘾者来说,这是一个非常有挑战性的祷告,因为我们正在允许神向我们显明那些自己多年来一直逃避的东西。我们不再求神不断显明别人的问题,而是终 于能够说:“主啊,让我真正看见我自己。”
但神从来没有要我们独自完成这个过程。我们还需要另一个人进入其中。成瘾在孤立中成长,而幻象则在没有人能够靠近并挑战我们所讲故事的地方成长。我们需要一位康复导师、属灵导师、牧师、辅导员,或者一个灵命成熟的人,一个爱我们爱到愿意对我们说真话的人。“朋友加的伤痕出于忠诚;仇敌连连亲嘴却是多余。”(箴言27:6)我们不需要一个认同我们所有解释的人,而是需要一个能够带着爱问我们:“事情真的完全是这样吗?”的人。有时候,另一双眼睛能够看见那些多年的成瘾已经训练我们不再去看的东西。
这就是为什么第四步和第五步如此重要。第四步迫使我们停止笼统地谈论问题,开始面对具体的事实:我们的怨恨、恐惧、不诚实、骄傲、自私、操纵、性方面的行为、我们伤害过的人、隐藏在行为背后的动机,以及那些我们一直归咎于别人的行为模式。第四步把镜子摆在我们面前,对我们说:“不要再看周围的人了,看这里,看你自己。”圣经说:“我们当深深考察自己的行为,再归向耶和华。”(耶利米哀歌3:40)
接下来就是第五步。我们在神面前发现、并在第四步中写下来的东西,现在必须从隐藏中走出来。“所以你们要彼此认罪,互相代求,使你们可以得医治。”(雅各书5:16)把真相亲口告诉另一个人,有一种强大的力量。我们私下为自己创造的那个版本开始失去控制我们的能力。秘密失去了赖以生存的空气,借口越来越难维持,幻象也开始破裂,因为那些过去只存在于我们自己头脑里的东西,现在终于被带到了光中。
面对自己,并不是学习如何恨自己,那不过是另一种扭曲。神揭露我们,不是为了毁灭我们;祂所揭露的,是那些正在毁灭我们的东西。耶稣说:“你们必晓得真理,真理必叫你们得以自由。”(约翰福音8:32)真理在医治我们以前可能会使我们疼痛,但如果我们仍然假装自己不是那个人,我们就不可能真正把那个人交托出去。真正的康复,是当我们终于能够说:这就是发生过的事情;这就是我所做的;这就是别人曾经对我做的;这就是酒精和毒品把我带到的地步;这是我不诚实的地方;这是我伤害别人的地方;而这里,就是耶稣基督正在改变我的地方。
这个幻象必须死去,因为神要恢复隐藏在幻象下面那个真实的人。我们带到神面前的,不是自己的履历、名声、借 口,也不仅仅是那个令我们感到骄傲的20%。我们要把完整的自己带到祂面前。神带来光;另一个人带来监督和责任;第四步带来自我省察;第五步带来认罪;真理拆毁幻象,恩典开始重建生命。也许就在我们终于停止保护那个自己一直假装成为的人的那一天,我们才真正开始发现——神创造我们原本要成为的那个人。
蒙祂恩典,赐给祂的仆人 Scott
