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April 8

Developing Empathy

Learning to Feel the Pain of Others Instead of Defending Our Own Actions

One of the greatest casualties of alcohol and drug addiction is our ability to not recognize and care about the pain of others. We may have loved our families, cared about our children, and valued our friendships, yet our behavior often communicated something entirely different. Our attention became consumed with getting another drink, finding another drug, avoiding consequences, or protecting ourselves from confrontation. We became experts at recognizing our own discomfort while overlooking the suffering we created. Scripture says, “Rejoice with those who rejoice, and weep with those who weep” (Romans 12:15). Empathy begins when another person’s pain becomes important to us, even when acknowledging it makes us uncomfortable.

Step Eight requires more than identifying the people we harmed. It calls us to begin understanding what those people experienced because of our choices. Consider the spouse who lived with uncertainty, the child who waited for a parent who never arrived, or the mother who feared another telephone call from the police. We may remember the incident, but they remember the emotions. We remember being intoxicated; they remember being frightened. We remember an argument; they remember feeling worthless. Addiction taught us to remember what happened to us. Empathy teaches us to consider what happened to them.


For many of us, developing empathy requires learning an entirely different way of listening. When someone describes how our behavior hurt them, we immediately want to explain ourselves. We interrupt, correct details, defend our intentions, or remind them of what they did wrong. But listening while preparing our defense is not truly listening. James instructs us, “Everyone must be quick to hear, slow to speak and slow to anger” (James 1:19). Sometimes the most loving response is to remain quiet long enough to understand what another person has carried.


Jesus demonstrated compassion throughout His ministry. When He saw the crowds, He “felt compassion for them, because they were distressed and downcast like sheep without a shepherd” (Matthew 9:36). Jesus did not simply observe suffering from a distance. He recognized the condition of people’s hearts. If we are becoming more like Christ, we must learn to recognize pain beyond our own. This does not mean agreeing with every accusation or accepting responsibility for another person’s choices. It means refusing to dismiss suffering simply because hearing about it is difficult.


Empathy also requires humility. Pride wants to be understood first. Humility is willing to understand someone else. Scripture teaches, “Do nothing from selfishness or empty conceit, but with humility consider one another as more important than yourselves” (Philippians 2:3). For someone recovering from addiction, this can be challenging. We spent years making conversations revolve around our needs, our feelings, and our explanations. Now God is teaching us to give others room to express theirs.


We must also recognize that emotional wounds do not always disappear when our behavior changes. We may have been sober for months, yet someone still struggles to trust us. We may have stopped lying, yet our family still questions our words. Their healing may take longer than our recovery milestones. Empathy does not demand that they hurry. Real compassion gives others permission to heal at a pace we cannot control.


As we prepare for making amends, empathy protects us from approaching people merely to relieve our own guilt. We must ask whether our desire to apologize comes from genuine concern for them or simply from wanting to feel better about ourselves. Love is patient and kind and “does not seek its own benefit” (1 Corinthians 13:4–5). Genuine repentance considers what is best for the person who was harmed, even when that requires waiting, seeking counsel, or respecting distance.


Tonight, ask God to help you see beyond your memories of the past. What fear did your choices create? What responsibilities did someone else carry? What disappointment did your promises leave behind? Do not rush to explain or fix everything. Allow the truth to develop compassion within you. God is not revealing these things to destroy you, but to change the way you love.


Step Eight is not simply preparing us to say, “I’m sorry.” It is preparing us to understand why those words are necessary. When empathy replaces self-defense, our willingness to make things right becomes sincere.


We cannot undo every wound, and we cannot control another person’s response. But through Christ, we can become people who listen, understand, and genuinely care. Recovery begins changing our relationships when we stop demanding that others understand our pain and begin making room to understand theirs.


By His Grace to His servant Scott

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Apr 8

Developing Empathy

Learning to Feel the Pain of Others Instead of Defending Our Own Actions

Desarrollando la Empatía

Aprendiendo a Sentir el Dolor de los Demás en Lugar de Defender Nuestras Propias Acciones

Una de las mayores pérdidas que provoca la adicción al alcohol y las drogas es nuestra capacidad de reconocer y preocuparnos por el dolor de los demás. Quizás amábamos a nuestras familias, nos preocupábamos por nuestros hijos y valorábamos nuestras amistades, pero nuestro comportamiento muchas veces comunicaba algo completamente diferente. Nuestra atención estaba consumida por conseguir otra bebida, encontrar otra droga, evitar las consecuencias o protegernos de cualquier confrontación. Nos convertimos en expertos en reconocer nuestra propia incomodidad mientras ignorábamos el sufrimiento que estábamos causando. La Escritura dice: “Gozaos con los que se gozan y llorad con los que lloran” (Romanos 12:15). La empatía comienza cuando el dolor de otra persona se vuelve importante para nosotros, aun cuando reconocerlo nos haga sentir incómodos.


El Octavo Paso requiere mucho más que identificar a las personas que hemos lastimado. Nos llama a comenzar a comprender lo que esas personas experimentaron como consecuencia de nuestras decisiones. Piensa en el cónyuge que vivió en constante incertidumbre, en el hijo que esperaba a un padre que nunca llegó o en la madre que temía recibir otra llamada de la policía. Quizás nosotros recordamos el incidente, pero ellos recuerdan las emociones. Nosotros recordamos haber estado intoxicados; ellos recuerdan haber sentido miedo. Nosotros recordamos una discusión; ellos recuerdan haberse sentido sin valor. La adicción nos enseñó a recordar lo que nos sucedió a nosotros. La empatía nos enseña a considerar lo que les sucedió a ellos.


Para muchos de nosotros, desarrollar empatía requiere aprender una manera completamente diferente de escuchar. Cuando alguien describe cómo nuestro comportamiento lo lastimó, inmediatamente queremos explicarnos. Interrumpimos, corregimos detalles, defendemos nuestras intenciones o le recordamos lo que también hizo mal. Pero escuchar mientras preparamos nuestra defensa no es escuchar verdaderamente. Santiago nos instruye: “Que cada uno sea pronto para oír, tardo para hablar, tardo para la ira” (Santiago 1:19). Algunas veces, la respuesta más amorosa es permanecer en silencio el tiempo suficiente para comprender lo que otra persona ha tenido que soportar.


Jesús demostró compasión a lo largo de Su ministerio. Cuando vio a las multitudes, “tuvo compasión de ellas, porque estaban angustiadas y abatidas como ovejas que no tienen pastor” (Mateo 9:36). Jesús no se limitó a observar el sufrimiento desde la distancia. Reconoció la condición de los corazones de las personas. Si estamos llegando a ser más semejantes a Cristo, debemos aprender a reconocer el dolor que existe más allá del nuestro. Esto no significa estar de acuerdo con cada acusación ni aceptar responsabilidad por las decisiones de otra persona. Significa negarnos a minimizar el sufrimiento simplemente porque escucharlo resulta difícil.


La empatía también requiere humildad. El orgullo quiere ser comprendido primero. La humildad está dispuesta a comprender a alguien más. La Escritura enseña: “Nada hagáis por egoísmo o por vanagloria, sino que con actitud humilde cada uno de vosotros considere al otro como más importante que a sí mismo” (Filipenses 2:3). Para alguien que se está recuperando de una adicción, esto puede resultar difícil. Pasamos años haciendo que las conversaciones giraran alrededor de nuestras necesidades, nuestros sentimientos y nuestras explicaciones. Ahora Dios nos está enseñando a darles a los demás el espacio necesario para expresar los suyos.


También debemos reconocer que las heridas emocionales no siempre desaparecen cuando cambia nuestro comportamiento. Quizás llevamos meses sobrios, pero alguien todavía tiene dificultades para confiar en nosotros. Tal vez hemos dejado de mentir, pero nuestra familia todavía cuestiona nuestras palabras. Su proceso de sanidad puede tomar más tiempo que los avances que hemos alcanzado en nuestra recuperación. La empatía no exige que se apresuren. La verdadera compasión permite que los demás sanen a un ritmo que nosotros no podemos controlar.


Mientras nos preparamos para hacer las reparaciones necesarias, la empatía nos protege de acercarnos a las personas solamente para aliviar nuestra propia culpa. Debemos preguntarnos si nuestro deseo de pedir perdón nace de una preocupación genuina por ellas o simplemente de querer sentirnos mejor con nosotros mismos. El amor es paciente y bondadoso, y “no busca lo suyo” (1 Corintios 13:4–5). El arrepentimiento genuino considera lo que es mejor para la persona que fue lastimada, aun cuando eso requiera esperar, buscar orientación o respetar la distancia que esa persona necesita.


Esta noche, pídele a Dios que te ayude a mirar más allá de tus propios recuerdos del pasado. ¿Qué temores crearon tus decisiones? ¿Qué responsabilidades tuvo que asumir otra persona? ¿Qué decepciones dejaron tus promesas incumplidas? No te apresures a explicar o arreglarlo todo. Permite que la verdad desarrolle compasión dentro de ti. Dios no está revelando estas cosas para destruirte, sino para transformar tu manera de amar.


El Octavo Paso no consiste simplemente en prepararnos para decir: “Lo siento”. Nos está preparando para comprender por qué esas palabras son necesarias. Cuando la empatía reemplaza nuestra actitud defensiva, nuestra disposición de reparar el daño se vuelve sincera.


No podemos deshacer todas las heridas, ni podemos controlar la respuesta de otra persona. Pero por medio de Cristo, podemos convertirnos en personas que escuchan, comprenden y se preocupan genuinamente por los demás. La recuperación comienza a transformar nuestras relaciones cuando dejamos de exigir que otros comprendan nuestro dolor y comenzamos a abrir espacio para comprender el suyo.


Por Su Gracia, a Su siervo Scott.

培养同理心

学会体会别人的痛苦,而不是为自己的行为辩护

酒精和毒品成瘾所造成的最大损失之一,就是我们逐渐失去了认识和关心别人痛苦的能力。我们可能爱自己的家人,关心自己的孩子,也珍惜朋友之间的情谊,但我们的行为却常常传递出完全不同的信息。我们的注意力被如何再喝一杯酒、如何找到更多毒品、如何逃避后果,以及如何保护自己不受责备所占据。我们变得非常善于察觉自己的不舒服,却忽略了自己正在给别人造成的痛苦。圣经说:“与喜乐的人要同乐;与哀哭的人要同哭。”(罗马书 12:15)同理心始于我们真正开始在乎别人的痛苦,即使承认这些痛苦会让自己感到不舒服。


第八步要求我们做的不仅仅是找出那些曾经被我们伤害的人。它呼召我们开始理解,这些人因为我们的选择究竟经历了什么。想想那个长期生活在不确定和担忧中的配偶,那个一直等待父亲或母亲回家却始终失望的孩子,或者那个害怕再次接到警察电话的母亲。我们可能只记得事情本身,但他们记得的却是当时的感受。我们记得自己喝醉了,他们记得的却是恐惧。我们记得一次争吵,他们记得的却是自己被贬低、毫无价值的感觉。成瘾使我们只记得自己经历了什么,而同理心教导我们开始思考别人经历了什么。


对于我们许多人来说,培养同理心意味着必须学习一种完全不同的倾听方式。当有人描述我们的行为如何伤害他们时,我们往往立刻想要解释自己。我们打断他们的话,纠正细节,为自己的本意辩护,或者提醒他们也曾经做错什么。然而,一边听别人说话,一边准备为自己辩护,并不是真正的倾听。雅各教导我们:“各人要快快地听,慢慢地说,慢慢地动怒。”(雅各书 1:19)有时候,最有爱心的回应,就是保持安静,直到我们真正理解别人曾经承受的重担。


耶稣在祂的事工中不断彰显怜悯。当祂看见众人时,“就怜悯他们,因为他们困苦流离,如同羊没有牧人一般。”(马太福音 9:36)耶稣并不是站在远处观察别人的痛苦。祂看见了他们内心真实的光景。如果我们正在变得越来越像基督,就必须学习认识自己痛苦之外的痛苦。这并不意味着我们必须同意每一项指责,也不意味着我们要为别人的选择承担责任,而是意味着我们不能仅仅因为听见别人的痛苦让自己难受,就轻易否定他们的经历。


同理心也需要谦卑。骄傲总希望别人先理解自己,而谦卑愿意先理解别人。圣经教导我们:“凡事不可结党,不可贪图虚浮的荣耀;只要存心谦卑,各人看别人比自己强。”(腓立比书 2:3)对于正在从成瘾中康复的人来说,这可能是一个很大的挑战。过去多年,我们习惯让每一次谈话都围绕自己的需要、自己的感受和自己的解释展开。如今,神正在教导我们给别人留出空间,让他们也能够表达自己的需要和感受。


我们还必须认识到,当我们的行为开始改变时,别人内心的伤口不一定会立刻消失。我们可能已经戒酒戒毒好几个月,但有人仍然很难信任我们。我们可能已经不再说谎,但家人仍然会怀疑我们的话。他们内心的医治过程,可能比我们在康复中取得进步所需要的时间更长。同理心不会要求他们加快速度。真正的怜悯允许别人按照我们无法控制的节奏逐渐得到医治。


当我们准备弥补过去的过错时,同理心能够保护我们,使我们不至于只是为了减轻自己的罪疚感而去接近别人。我们必须问自己:我想道歉,是因为真正关心对方,还是仅仅因为我希望自己感觉好一些?圣经教导我们,爱是恒久忍耐,又有恩慈,并且“不求自己的益处”。(哥林多前书 13:4–5)真正的悔改会考虑什么对受伤的人最有益处,即使这意味着我们需要等待、寻求指导,或者尊重对方希望保持的距离。


今晚,求神帮助你超越自己对过去的记忆,开始从别人的角度看待那些事情。你的选择曾经给别人带来怎样的恐惧?别人不得不承担哪些原本属于你的责任?你没有兑现的承诺留下了怎样的失望?不要急着解释,也不要急着解决所有问题。让真相在你的心中培养出怜悯。神向你显明这些事情,并不是为了摧毁你,而是为了改变你爱人的方式。


第八步不仅仅是在预备我们说出一句“对不起”,更是在帮助我们真正理解,为什么我们需要说出这句话。 当同理心取代自我辩护时,我们愿意弥补过错的心才会变得真诚。


我们无法消除过去造成的每一道伤口,也无法控制别人会如何回应我们。但借着基督,我们可以成为愿意倾听、理解并真诚关心别人的人。当我们不再一味要求别人理解自己的痛苦,而是开始主动腾出空间去理解他们的痛苦时,康复就真正开始改变我们的人际关系。


靠着祂的恩典,献给祂的仆人 Scott。

Abstract Background

"For I know the plans I have for you," declares The Lord, "plans to prosper you and not to harm you, plans to give you a hope and a future."

(Jeremiah 29:11)

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