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Missing the Moment

September 7

Why We Walk Past What Matters Most to God

Many of the most significant works of God do not happen on platforms, in programs, or inside organized ministry settings. They happen in moments—unplanned, unscheduled, and often unnoticed. A conversation at the right time. A person crossing our path at a fragile place. A moment where God invites us to pause, see, and respond. Yet so many of these moments are missed, not because God is silent, but because we are distracted.

Scripture shows us that Jesus was never rushed, never preoccupied with preserving a ministry image, and never too focused on an agenda to notice people. “Seeing the people, He felt compassion for them” (Matthew 9:36). Jesus did not merely look at crowds—He saw individuals. Compassion began with attention.


One of the primary reasons we miss these moments is self-centeredness—not always in obvious or sinful ways, but in subtle ones. We are absorbed in our schedules, our thoughts, our pressures, our needs, and our internal world. Even good things can blind us. When our attention is turned inward, our awareness outward diminishes. Scripture warns us of this drift: “Let each of you look not only to his own interests, but also to the interests of others” (Philippians 2:4). Moments require awareness, and awareness requires humility.


Another reason moments are missed is ministry-centered vision. In the church world, it is easy to see people not as people, but as potential participants—people we might bring into our circle, our group, our church, or our program. When ministry becomes the lens, people become projects. Jesus never treated people this way. He did not meet the Samaritan woman to recruit her to a system; He met her to restore her dignity (John 4). The moment mattered more than the movement.


When we filter encounters through ministry goals, we often overlook what God is already doing in someone’s life. We rush to label, fix, direct, or invite—rather than listen, honor, and encourage. Paul reminds us that “God gave the growth” (1 Corinthians 3:6). Our role is not to control outcomes, but to steward moments faithfully.


True gospel care does not always look like leading someone to salvation in that instant. Sometimes it looks like encouragement. Sometimes it looks like presence. Sometimes it looks like helping someone take one next step where they already are. Jesus healed some. He listened to others. He challenged some. He simply walked with others. Every moment was different because every person mattered.


We cannot see moments unless we are God-centered and people-aware. Jesus said, “The Son of Man did not come to be served, but to serve” (Mark 10:45). A servant notices needs. A servant pauses. A servant is interruptible. When our lives are surrendered, moments stop feeling like inconveniences and start feeling like invitations.


The irony is that when we are obsessed with building something for God, we often miss what God is already building in front of us. But when we see people the way God sees them—precious, known, and deeply loved—we begin to recognize the holy weight of ordinary encounters. “How beautiful are the feet of those who bring good news” (Romans 10:15). Sometimes the good news is simply that someone is seen.


Moments are missed when we are self-centered. Moments are missed when we are ministry-centered. Moments are found when we are God-centered and people-focused. This is where the gospel becomes visible—not as a message we deliver, but as a love we carry.

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Perderse El Momento

Por Qué Pasamos De Largo Ante Lo Que Más Le Importa A Dios

Muchas de las obras más significativas de Dios no ocurren en plataformas, programas ni ministerios organizados. Ocurren en momentos: imprevistos, no planificados y, a menudo, desapercibidos. Una conversación en el momento oportuno. Alguien que se cruza en nuestro camino cuando atraviesa una situación delicada. Un instante en el que Dios nos invita a detenernos, mirar y responder. Sin embargo, dejamos pasar muchos de esos momentos, no porque Dios guarde silencio, sino porque estamos distraídos.


Las Escrituras nos muestran que Jesús nunca tenía prisa, nunca estaba preocupado por preservar la imagen de su ministerio ni estaba tan concentrado en una agenda que no pudiera percibir a las personas. «Al ver a la gente, sintió compasión de ella» (Mateo 9:36). Jesús no se limitaba a mirar a las multitudes: veía a las personas. La compasión comenzaba prestando atención.


Una de las principales razones por las que dejamos pasar estos momentos es el egocentrismo; no siempre de maneras evidentes o pecaminosas, sino sutiles. Estamos absortos en nuestros horarios, nuestros pensamientos, nuestras presiones, nuestras necesidades y nuestro mundo interior. Hasta las cosas buenas pueden cegarnos. Cuando nuestra atención se vuelve hacia dentro, disminuye nuestra percepción de lo que ocurre a nuestro alrededor. Las Escrituras nos advierten de esta tendencia: «Que cada uno no busque solamente su propio interés, sino también el de los demás» (Filipenses 2:4). Para aprovechar estos momentos hace falta estar atentos, y estar atentos requiere humildad.


Otra razón por la que dejamos pasar momentos es tener una visión centrada en el ministerio. En el mundo de la iglesia, es fácil ver a las personas no como personas, sino como participantes potenciales: personas que podríamos incorporar a nuestro círculo, nuestro grupo, nuestra iglesia o nuestro programa. Cuando el ministerio se convierte en el lente a través del cual vemos a los demás, las personas se convierten en proyectos. Jesús nunca las trató así. No se encontró con la mujer samaritana para reclutarla para un sistema; se encontró con ella para devolverle su dignidad (Juan 4). El momento importaba más que el movimiento.


Cuando filtramos nuestros encuentros a través de los objetivos del ministerio, a menudo pasamos por alto lo que Dios ya está haciendo en la vida de alguien. Nos apresuramos a poner etiquetas, corregir, dirigir o invitar, en lugar de escuchar, honrar y animar. Pablo nos recuerda que «Dios dio el crecimiento» (1 Corintios 3:6). Nuestro papel no es controlar los resultados, sino administrar fielmente cada momento.


El verdadero cuidado conforme al evangelio no siempre consiste en guiar a alguien a la salvación en ese mismo instante. A veces consiste en animar. A veces, en estar presente. A veces, en ayudar a alguien a dar el siguiente paso desde donde ya está. Jesús sanó a algunos. Escuchó a otros. A algunos los desafió. Simplemente caminó junto a otros. Cada momento fue diferente porque cada persona importaba.


No podemos reconocer esos momentos si no ponemos a Dios en el centro y estamos atentos a las personas. Jesús dijo: «El Hijo del hombre no vino para que le sirvieran, sino para servir» (Marcos 10:45). Quien sirve se fija en las necesidades. Quien sirve hace una pausa. Quien sirve está dispuesto a dejarse interrumpir. Cuando rendimos nuestra vida, los momentos dejan de parecernos inconvenientes y empiezan a parecernos invitaciones.


La ironía es que, cuando nos obsesionamos con construir algo para Dios, a menudo no vemos lo que Dios ya está edificando delante de nosotros. Pero cuando vemos a las personas como Dios las ve —preciosas, conocidas y profundamente amadas— empezamos a reconocer el peso sagrado de los encuentros cotidianos. «¡Qué hermosos son los pies de los que anuncian las buenas nuevas!» (Romanos 10:15). A veces, las buenas nuevas son simplemente que alguien se siente visto.


Nos perdemos momentos cuando nos centramos en nosotros mismos. Nos perdemos momentos cuando nos centramos en el ministerio. Encontramos momentos cuando nos centramos en Dios y ponemos la atención en las personas. Aquí es donde el evangelio se hace visible: no como un mensaje que proclamamos, sino como un amor que llevamos.

错过那个时刻

为什么我们会对上帝最看重的事视而不见

上帝许多最重要的作为,并非发生在讲台上、活动中或有组织的事工场合里,而是发生在一个个瞬间——没有计划、没有安排,往往也无人察觉。一次恰逢其时的交谈。一个人在脆弱无助时与我们相遇。一个上帝邀请我们停下脚步、看见并作出回应的时刻。然而,这样的时刻常常被我们错过,并非因为上帝沉默,而是因为我们分了心。


圣经告诉我们,耶稣从不匆忙,从不忙着维护事工形象,也从不因专注于既定安排而忽视身边的人。“他看见许多的人,就怜悯他们”(马太福音 9:36)。耶稣不只是看着人群——他看见的是一个个具体的人。怜悯始于留心。


我们错过这些时刻的一个主要原因,是以自我为中心——不一定总是以明显或罪恶的方式表现出来,有时却藏在细微之处。我们满心想着自己的日程、想法、压力、需求和内心世界。即使是好事,也可能蒙蔽我们的眼睛。当注意力转向自己时,我们对外界的觉察便会减弱。圣经提醒我们,不要渐渐偏离这条路:“各人不要单顾自己的事,也要顾别人的事”(腓立比书 2:4)。把握这些时刻需要敏锐的觉察,而觉察需要谦卑。


错失重要时刻的另一个原因,是我们以事工为中心的眼光。在教会圈子里,我们很容易不把人当作人,而把他们看作潜在的参与者——看作我们或许可以带进自己的圈子、团体、教会或项目的人。当事工成了看待一切的镜头,人就成了项目。耶稣从不这样对待人。他遇见撒马利亚妇人,不是为了招募她加入某个体系,而是为了恢复她的尊严(约翰福音 4 章)。那次相遇的时刻,比推动事工更重要。


当我们用事工目标来衡量每一次相遇时,往往会忽略神已经在某个人生命中所做的事。我们急着给人贴标签、纠正他们、指引他们或邀请他们,而不是倾听、尊重和鼓励他们。保罗提醒我们:“惟有神叫他生长”(哥林多前书 3:6)。我们的职责不是掌控结果,而是忠心地善用每一个时刻。


真正福音式的关怀,并不总是意味着立刻带领某人得救。有时,它表现为鼓励;有时,表现为陪伴;有时,则是帮助某人在当下的处境中迈出下一步。耶稣医治过一些人,倾听过另一些人,挑战过一些人,也只是陪伴另一些人同行。每个时刻都各不相同,因为每个人都很重要。


只有当我们以神为中心、关注他人时,才能看见这些时刻。耶稣说:“人子来,不是要受人的服事,乃是要服事人”(马可福音 10:45)。仆人会留意人的需要,会停下脚步,也随时愿意放下手头的事去回应。当我们将生命交托给神,这些时刻就不再像是麻烦,而开始像是邀请。


讽刺的是,当我们一心想着为上帝建造什么时,常常会忽略上帝已经在我们眼前建造的事。但当我们照着上帝看人的方式去看他们——视他们为宝贵的、被认识的、深深蒙爱的——我们便开始看见平凡相遇中那神圣的分量。“那报佳音、传喜信的人,他们的脚踪何等佳美!”(罗马书 10:15)有时,佳音不过是让一个人知道:有人看见了他。


当我们以自我为中心时,便会错过一些时刻;当我们以事工为中心时,也会错过一些时刻。当我们以上帝为中心、以人为关注焦点时,便能发现这些时刻。福音就在这里变得可见——它不再只是我们传递的信息,而是我们带在身上的爱。

Abstract Background

"For I know the plans I have for you," declares The Lord, "plans to prosper you and not to harm you, plans to give you a hope and a future."

(Jeremiah 29:11)

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